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martes, 3 de mayo de 2011

Anécdotas asiáticas: aquellos momentos Kodak

Recordando mi último gran viaje a China, he caído en la cuenta de un hecho bastante curioso: allá por donde vayas en el gran país asiático, la gente local se sorprende de ver turistas occidentales. Tienes la sensación de ser una súper estrella de Hollywood o un cantante conocido en todo el mundo.

Al principio, piensas que te miran de forma tan descarada entre risillas y muecas porque estás en lugares menos turísticos, por lo que se sorprenden de ver turistas no asiáticos. Pero conforme te vas moviendo un poco dentro del país y vas visitando más lugares, te das cuenta de que las caras de sorpresa no cambian. Da igual que estés en un pequeño "pueblo” de 400.000 habitantes o en grandes urbes como Shanghái o Pekín.

La perplejidad de ver a gente occidental no sólo se nota en las caras de asombro, sino también en el hecho de que te hagan fotos no importa cómo, cuándo y dónde. A veces te piden permiso y otras te toman una fotografía directamente cuando menos te lo esperas.

En mi experiencia en China, tuve muchas anécdotas relacionadas con el tema de las fotografías. Aquí van algunas.

En Pingyao, una ciudad amurallada de la región de Shanxi, fue uno de los lugares donde más fotografías me hicieron. Nada más salir del hostal, había un grupo de niños acompañados por sus padres. Pues bien, en cuanto mi compañero y yo salimos, comenzaron a revolucionarse, a mirarnos, a reírse, a cuchichear entre ellos. Nosotros empezamos a caminar y a medida que nos alejábamos, más nerviosos se ponían. Daba la impresión de que nos querían decir algo, pero el problema del idioma se lo impedía. Nosotros sabíamos perfectamente qué era lo que deseaban y ni corto ni perezoso me dirigí a ellos para decirles como pude, con gestos y algunas palabras en inglés, si querían hacerse una foto conmigo. La cara de felicidad que se les puso es indescriptible. Se les iluminó la cara, se los veía tan felices… En este momento, los padres comenzaron a colocarlos alrededor de mí. Ellos parecían nerviosísimos, era como si se estuvieran haciendo una foto con su ídolo de toda la vida. Yo no daba crédito a lo que estaba viviendo. Entonces era yo el que estaba boquiabierto de todo el despliegue que estaban organizando para fotografiarse conmigo. Una vez estuvieron todos colocados, los padres empezaron a echar fotos. Este momento fue uno de los mejores del viaje. Era increíble lo fácil que era hacer felices a los niños. Me quedé perplejo, eran la alegría personificada.

Unos metros más adelante, se nos acercó otra familia, nos paró y nos dijeron como pudieron que nos hiciéramos una foto con ellos. Asentimos y de nuevo se puso en funcionamiento un efectivo protocolo para colocar a toda la familia alrededor de nosotros. Era tal el estado de nerviosismo que la fotógrafa improvisada casi fue atropellada por un tuc-tuc, pues de la emoción parecía que sólo tenía ojos y atención para hacer la tan ansiada foto. Después de los gritos en chino, español e inglés para que no se produjera la tragedia, se tomó la fotografía, que seguro habrán enseñado ya a muchos de sus amigos. Esta misma familia me pidió otra cosa más, algo que no me hubiera imaginado. Se acercaron de nuevo con un carrito de bebé, cogieron a un niñito pequeñito que no tendría más de un año y me lo dieron para que lo cogiera en mis brazos y hacerle una foto. Os podéis imaginar la cara que se me quedó. Acepté sin problemas la propuesta y de nuevo experimenté uno de los momentos más entrañables del viaje.

Ese mismo día, estando cenando en el restaurante del hostal, vivimos una situación bastante divertida. Nuestra mesa estaba situada junto a una ventana que daba a la calle. Era de noche ya y por el rabillo del ojo podíamos ver los flashes que venían de la calle. La situación era muy cómica y a pesar de sentir cómo estábamos siendo observados, pudimos disfrutar de la cena. Cuando estábamos a punto de terminar vimos pasar por la ventana un motocarro con una familia china. Al vernos, el motocarro aminoró la velocidad y pasó de largo. Pero, ¡sorpresa!, el vehículo dio marcha atrás y se paró justo al lado de la ventana. Estuvieron un ratito mirando y conversando entre ellos y retomaron de nuevo la marcha. No pasó más de medio minuto cuando vimos aparecer al grupo de chinos en el restaurante. A mí casi se me cayeron los palillos cuando los vi. Pues bien, se acercaron a nosotros y con gestos nos pidieron que saliéramos a la calle con ellos para hacerse una fotografía con nosotros. Mi compañero y yo nos miramos incrédulos y cuando íbamos a aceptar, decidieron sentarse en nuestra mesa para hacer la foto allí mismo. Me hubiera gustado ver mi cara en esta foto porque esto sí es verdad que no nos lo esperábamos. Cuando tomaron la foto, nos lo agradecieron con la mejor de sus sonrisas, salieron del restaurante, se montaron en el motocarro y se fueron. Experiencia cómica y divertida donde las haya.

Estos son sólo algunos de los “momento foto” que tuve en China, pero hubo muchos más. Aún hoy no he encontrado una posible explicación de este fenómeno bastante extendido en China, aunque pensándolo bien, no es algo tan descabellado, ya que yo en muchas ocasiones he fotografiado a la población local de los sitios que he visitado. No es lo mismo, pero nos mueve algo similar, el deseo de recordar lo distinto, lo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.

¿Qué pensáis? ¿Habéis tenido experiencias parecidas?

  El autor José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

11 comentarios:

¿Pudiste visitar los escenarios de la época de los reinos combatientes?

Firmado: una fedataria de Macerata

Fedataria! Interesante época la de los reinos combatientes!

me encantan las fotos y el texto, voy a releerlo :)

Me gustan mucho las fotos, parecen postales

Parece que las fotos gustan! Próximamente se harán posts donde las fotografías tengan un papel más importante...

Por cierto, gracias a todos por los comentarios!

"un pequeño pueblo de 400.000 habitantes"??? jaja

Lor reinos combaientes, siempre fueron la respuesta a todas las preguntas y casi, casi a todos los jeroglíficos (¿es cara al revés? ya te lo explicaré Jose, Marta lo entenderá perfectamente).
Un fedatario muy muy moderno y diferente a lo que todo el mundo lleva.
Por cierto el artículo precioso y las fotos ni te digo. enhorabuena joseliyo!!!

Teniendo en cuenta que Pekín tiene una población de 22 millones de personas... qué son 400.000 habitantes? Jeje!

Mi opinión particular al respecto, es que mos gusta Asia, en principio por su gastronomía, sus templos, sus budas, sus mercados, su colorido etc. etc......pero es que además, si aquí en España somos "uno más", allí somos "algo más". Quiero decir que allá la gente se quiere fotografiar contigo, te saluda, te habla, te ayuda....y hasta las chicas te sonrien jejeje.....cosa que siendo joven como tú, te parecerá normal, pero para mí que ya estoy entrado en años....no es tan normal, y menos en el mundo occidental.
Buen post
Saludos

Está claro que Asia es distinta en casi todos los sentidos, y es ahí donde radica esa atracción, lo que hace que sea un destino que engancha... Siempre te encuentras con algo diferente, con una anécdota que en Occidente nunca pasaría.

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