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martes, 21 de julio de 2015

La leyenda del lagarto de Jaén

¡Ojalá revientes como el lagarto de Jaén! Tranquilidad, ¡que nadie se dé por aludido! Esta frase no es ninguna maldición lanzada contra nadie en concreto. Con ella simplemente intentaré explicar la leyenda que da origen a unas expresiones populares que, como jiennense que soy, habré oído cientos de veces. Estas expresiones tienen como personaje principal al lagarto de Jaén, reptil que ha llegado a convertirse en uno de los símbolos de Jaén y que, por otro lado, es el protagonista de una de las leyendas de Jaén más conocida. Tan famosa que fue declarada en 2009 como uno de los Diez Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España. Además, es candidata a convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

lagarto de jaen
Lagarto de Jaén - Fotografía de Kordas vía Wikimedia Commons (licencia)
Si alguna vez oyes "Ten 'cuidao', que vas a reventar como el lagarto de Jaén", la persona en cuestión te estará advirtiendo de que estás comiendo demasiado y que, si continúas, te arriesgas a explotar. En otras ocasiones es posible que te digan "Ojalá revientes como el lagarto de Jaén". Si escuchas esto y ves en tu interlocutor una cara de pocos amigos, yo que tú me iría preocupando, pues lo que probablemente corre por sus venas en esos momentos no es simplemente sangre, con sus hematíes y leucocitos. Si te dice eso, por su torrente sanguíneo estará fluyendo además otra sustancia llamada ira/mala leche/malafollá jiennense, así que prepárate para aguantar el enfado del que tienes enfrente.

Ahora bien, ¿de dónde sale este famoso lagarto? Pues de una leyenda. En la ciudad de Jaén existe la leyenda de un lagarto que vivía por el barrio de la Magdalena  y se comía a todo aquel que se acercaba a la fuente de agua por donde rondaba. Su menú constaba generalmente de ovejas de los pastores de la zona, de chiquillos y de aguadoras que iban a por agua del pequeño manantial. Los vecinos estaban cada vez más asustados y aterrorizados por semejante reptil, al que llamaban también sierpe o dragón. Hartos del lagarto, pidieron ayuda para encontrar la forma de acabar con la vida del bicho.

Llegados a este punto, la leyenda tiene tres versiones distintas, todas con final feliz para los lugareños: la muerte del lagarto (pero los protagonistas y el modo en que dieron caza al monstruo fueron distintos).

Una de las versiones más conocidas es la de un reo, que se comprometió a acabar con el lagarto de la Magdalena a cambio de su libertad. Para llevar a cabo esta empresa pidió que le dieran un caballo, un costal de panes calientes y un saco de pólvora. Con todo esto se dirigió una noche a la morada del lagarto que, al despertarse, salió despavorido a comerse al reo. Este empezó a echarle los panes calientes que fueron engullidos por el dragón mientras huía a caballo. Una vez llegado a la plaza de San Ildefonso, le tiró el saco de pólvora, que también fue devorado por el lagarto. El final es bastante previsible, ¿no? Pues lógicamente la sierpe explotó.

Curiosamente, hay muchos estudiosos del tema que dicen que en la iglesia de San Ildefonso estuvo expuesta durante mucho tiempo una piel de un reptil, quizá perteneciente a un caimán, y sobre la cual se pintó un retrato de San Cristóbal. Dicho sea de paso que en esta basílica de San Ildefonso se encuentran los restos del famoso arquitecto renacentista Andrés de Vandelvira, autor de la catedral de Jaén, la catedral de Baeza y la Iglesia de la Asunción de Villacarrillo (entre otras importantes obras del Renacimiento andaluz).

Volviendo a la leyenda del Lagarto de la Malena (también se le conoce así), la segunda versión está protagonizada por un pastor que sacrificó una de sus ovejas, con cuya piel envolvió unas yescas. El lagarto, atraído por el olor a sangre, cayó en la trampa y se zampó lo que él pensaba que era una linda ovejita. Evidentemente el monstruo murió abrasado y explotó también.

Por último, hay otra versión quizá menos conocida. La protagoniza un caballero al que los vecinos pidieron ayuda. Se vistió con una armadura elaborada de espejos que, al reflejar los rayos del sol, cegaron al lagarto, momento en el que el valiente caballero le dio muerte con su espada. En esta ocasión el lagarto no explota.

Pues hasta aquí la leyenda del Lagarto de Jaén o de la Magdalena, el barrio donde se supone que vivía el dragón y que hoy alberga una estatua que lo rememora.

Además de esa estatua, en la ciudad de Jaén hay otras referencias a la leyenda del lagarto, como por ejemplo, el festival Lagarto Rock. Además, se dice que Jaén, vista desde arriba, tiene la forma de un lagarto recostado en torno al cerro donde se levanta el castillo de Santa Catalina.

¿Dónde está el lagarto de Jaén?






El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

2 comentarios:

Que buen post José Luis!! Lo utilizare como documento de apoyo cuando tenga que explicarle a la gente el origen de la expresión.

Un saludo!!

Gracias, Rafa! Claro, úsalo para dar a conocer esta leyenda de nuestra tierra!
Un saludo! ;)

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