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martes, 2 de febrero de 2016

Mi casa rural en Camprodón: la Casa Etxalde

No, no es que ahora regente una casa rural en Girona. La idea de dedicarme al turismo rural me seduce, pero por el momento prefiero seguir viajando y conociendo lugares por el mundo. A lo que me refiero con mi casa rural en Camprodón es al hecho de que estos días he estado en el Pirineo de Girona y me he alojado en una masía donde me he sentido como en mi casa por varias razones: he estado rodeado de montañas, me he despertado con la sinfonía de los pajaritos de fondo, he desayunando a lo grande junto a la chimenea y cenado algunos platos que bien podría preparar mi madre (¡esa comida casera que me vuelve loco!). La masía de la que hablo es la Casa Etxalde, ubicada en la vall de Camprodón, a las afueras del pueblecito de Rocabruna, a unos 7 km de Camprodón, entre la Alta Garrotxa y el Ripollès.

Casa Etxalde - Casa Rural en Camprodón
Casa Etxalde - Casa Rural en Camprodón
Lo que más me llamó la atención es su ubicación, entre montañas y con unas vistas espectaculares.

Entrada a la Casa Rural Etxalde, Camprodón
Entrada a la Casa Rural Etxalde, Camprodón
La masía se remonta al siglo pasado, concretamente a 1920, cuando un francés decidió construirse este caserón cerquita de Camprodón, tal y como estaba haciendo la burguesía de Barcelona de la época. Si lo que este señor buscaba era relajarse y estar en contacto con la naturaleza, lo consiguió. Y eso mismo es lo que ahora podemos disfrutar alojándonos en ella. Desconexión total, tan total como que no hay cobertura móvil (aunque sí wifi en las zonas comunes).

Jardín de entrada de la Casa Etxalde, Camprodón
Jardín de entrada de la Casa Etxalde, Camprodón
La casa, que consta de 5 habitaciones y un apartamento, está en una finca de 45 hectáreas, donde hay caballos, conejitos, un pequeño lago con patos y ocas y zonas de prado, castaños, hayas, robles y fresnos. En el jardín de la entrada hay un espacio con mesas y sillas y, un poquito más abajo, una piscina donde será una gozada poder bañarse si hace buen tiempo. En mi caso, no la pude disfrutar... Soy muy friolero y no me atraía darme un chapuzón en pleno enero.

Sala de estar de la casa etxalde, camprodon
Sala de estar de la Casa Etxalde
La zonas comunes están formadas por dos grandes comedores, una sala de estar con sillones y chimenea y la recepción.

Comedor de la casa etxalde camprodon
Uno de los comedores de la Casa Etxalde
Yo me alojé en la habitación "El Cirerer" (el cerezo), ubicada en la primera planta de la torre.

Habitación el cirerer Casa Etxalde
Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
A ella se accede por unas escaleras exteriores. La habitación tenía unas vistas a las montañas impresionantes. ¡Qué gozada despertarse y mirar por la ventana!

Vistas desde la Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Vistas desde la habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
El baño, impecable, estaba dentro de la habitación y tenía ducha con agua caliente, toallas y artículos de aseo, como champú y gel.

Baño de la habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Baño de la habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Una de las cosas que también me sorprendió es que la Casa Etxalde está muy enfocada a viajeros con niños y perros. Es una casa rural ideal para familias y mascotas. Tienen grandes espacios en el exterior para que los perros puedan correr. La única restricción es no dejarlos solos en la habitación. En cuanto a los niños, tienen una zona de columpios y juegos infantiles. 

Jardín de entrada de la Casa Etxalde
Jardín de entrada de la Casa Etxalde
Y a todo esto, hay que sumarle las conversaciones y momentos compartidos con las personas que hacen que esta experiencia rural sea posible: sus propietarios, que son los que realmente dan personalidad a la casa rural. Al frente de ella están Anna y Albert (un matrimonio) y María Teresa, la madre de Anna, que en el año 2004 dejaron el Maresme para embarcarse en esta aventura. Anna y Albert querían establecerse por la zona y cuando vieron esta masía sintieron una especie de flechazo. Decidieron apostar por ella y probar suerte con el turismo rural. Los comienzos no fueron nada fáciles, pues tuvieron que reformarla y rehabilitarla casi por completo, tareas que han ido realizando poco a poco cada año (y que aún continúan haciendo). Posteriormente, María Teresa, por los avatares de la vida, también decidió dejar su casa y su profesión de esteticista e ir a vivir con ellos. No sé cómo sería María Teresa cuidando el cutis de sus clientes en Mataró, pero de lo que sí puedo opinar es de lo mucho que cuida el paladar y el estómago de sus huéspedes. Tuve la suerte de poder probar sus patatas de Olot y su pato confitado. Estaba rico, rico...
Cena en Casa Etxalde
Cena en Casa Etxalde
Además de buena cocinera, es una mujer con mucha chispa, con mucha conversación y desparpajo. Como no le gusta salir en las fotos, la única forma de conocerla es ir la Casa Etxalde y comprobarlo en primera persona. Por su parte, Anna, es una chica eficiente, tranquila, siempre dispuesta a ayudarte en lo que necesitas y aconsejarte sobre los lugares de interés que puedes visitar en la zona, que no son pocos y de los que hablaré en próximos posts: Camprodón, Beget (para mí uno de los pueblos con más encanto de Cataluña), La Roca, Llanars, Ripoll, la estación de esquí de Vallter 2000, el Coll d'Ares, en la frontera con Francia...

Han sido tres días de turismo rural intensivo, como a mí me gusta, y que espero poder repetir en breve.

Puntos fuertes de la Casa Etxalde

- La ubicación espectacular entre montañas
- Adaptada para viajar con niños y mascotas
- Productos de cosecha propia para la elaboración de desayunos y cenas: mermeladas, tomates, membrillo...
- Ideal para hacer senderismo o visitar las zonas naturales de la Alta Garrotxa, Ripollès o Francia


Puntos débiles de la Casa Etxalde

- Entrada a algunas habitaciones por una escalera exterior (comprensible por la estructura arquitectónica de la masía)
- Falta de red móvil (aunque para mí personalmente no es algo negativo, pues si elijo ir a un sitio así es para desconectar de todo)

Ubicación de la Casa Etxalde

Can Pujol de Rocabruna s/n
17867 Camprodón (Girona)




El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

viernes, 15 de enero de 2016

Ver auroras boreales en Islandia, un sueño hecho realidad

Desde pequeño siempre me ha llamado la atención todo lo que tiene que ver con el cielo: lluvias de estrellas, constelaciones, eclipses de sol o de luna, cometas, y, como no, la tan enigmática aurora boreal, que sencillamente me fascinaba. Y desde que era un pequeñajo siempre decía que algún día tenía que ver auroras boreales, tal y como decía con visitar la Muralla China.

Pues bien, ese día llegó durante mi viaje a Islandia. Tenía 9 oportunidades para intentar contemplarlas, 9 noches durmiendo en el coche o en tienda de campaña y la web de la Oficina Meteorológica de Islandia para conocer la predicción de auroras boreales en Islandia. Aparentemente, 9 noches parecen suficientes para intentar verlas, pero... en mi caso no fue así.

Para que se produzca el fenómeno de las auroras boreales se debe dar una serie de circunstancias. La primera es encontrarse en alguna zona cerca de los polos magnéticos, como es Islandia, que haya actividad solar, que los cielos estén oscuros y despejados y que la temperatura sea baja. En Islandia la mejor época para ver auroras boreales es de octubre a marzo. Yo viajé a finales de septiembre y principios de octubre, por lo que tenía posibilidades de ver auroras boreales.

Ver auroras boreales en Islandia

Pero la aurora se resistió... Como sabéis, di la vuelta a la isla, por lo que cada noche iba durmiendo en sitios distintos. Y, caprichos del destino, siempre dormía en zonas donde los cielos estaban encapotados o llovía... Pasaban las noches y mis esperanzas se iban desvaneciendo... Mi compañero de viaje (iluminado a saber por quién) me decía con una seguridad aplastante que no me preocupara, que las veríamos al final de la ruta, en Reykjavik. Yo, sinceramente, lo dudaba bastante porque, si en plena naturaleza no las habíamos visto, sería mucho más complicado contemplarlas en la ciudad...

Ver auroras boreales en Islandia

Pues él tenía razón. Fue la última noche. Nos encontrábamos en la capital de Islandia y la previsión era bastante buena: un nivel 5 (elevado) de actividad solar, temperaturas frías y cielos despejados. El único "detalle" era que esta previsión correspondía a una zona ubicada a unos 50 km de Reykjavik y a las 5 de la madrugada. Pero era nuestra última oportunidad, la última noche. Apostar a todo o nada. Y, evidentemente, apostamos. Así que estuvimos de fiesta hasta las 3 en un garito de Reykjavik (inciso sobre la fiesta islandesa: es un desmadre total) y después nos fuimos a la caza de la aurora boreal.

auroras boreales en Islandia

Tomamos el coche con una mezcla de emoción y cansancio. ¿Llegaría por fin el día en que contemplaría una aurora boreal? ¿Cómo sería? ¿Qué se vería? ¿Cuánto duraría?

auroras boreales en Islandia

Salimos de la ciudad, y empezamos a encontrar carreteras nevadas, heladas (cosa que en ningún momento del viaje nos habíamos encontrado). Mientras mi compañero conducía con extrema precaución, yo no quitaba el ojo del cielo. Cualquier cosa que parecía extraña, una nube, un reflejo, hacía que se me acelerara el corazón. Ya veía auroras boreales donde solo había nubecillas...

auroras boreales en Islandia

Una vez pasado el puente de la ciudad de Selfoss, a unos 50 km de la ciudad de Reykjavik, decidimos que era el momento de encontrar un desvío y esperar rodeados de oscuridad, mirando al cielo desde el coche. Encontramos un caminito y, de repente, antes de que el coche se hubiera parado, la vi. Sabía que era ella. Empecé a distinguir algo así como polvo en el cielo, pequeñas partículas brillantes salidas de la nada que destacaban en la oscuridad del cielo y que parecían que iban a caer a la tierra lentamente. Mi reacción, ya imagináis cómo pudo ser... Empecé a decir que parara el coche, casi gritando. Salimos fuera, el suelo estaba resbaladizo a causa del hielo que había, hacía frío, el termómetro marcaba los cuatro grados negativos pero, como corría algo de viento, la sensación de frío era mayor. Pero no pasaba nada, porque la emoción de ver lo que sobre mí se estaba formando hacía que olvidara si estábamos a menos 10 o a menos 50 grados centígrados. Daba igual, porque encima de mí ese polvo empezó a tomar forma, parecía que la tierra lo atraía hacia sí, componiendo unas especies de cortinas de un color verde azuláceo brillante. Era algo hipnótico ver cómo se formaban y admirar cómo al final de esas cortinitas las partículas parecían titilar, como si bailaran... Una visión enigmática y bella a la vez. Me sentía como un niño pequeño en el día de Reyes, recibiendo los regalos, con lágrimas en los ojos de la alegría. No quería que aquello desapareciera, quería alargar ese momento, ver esas luces danzar mucho más tiempo, pero al igual que aparecieron de la nada y sin avisar, a los pocos instantes, comenzaban a desaparecer, diluyéndose en el oscuro cielo, a la vez que en otras zonas volvían a formarse otras y desvanecerse paulatinamente. Eso fue lo que pasó durante unos 10 minutos. Fue algo realmente efímero, pero infinitamente bonito. En ese silencio sepulcral, viendo esos bailes de luces, alejado de mi tierra, de mi gente, con un sentimiento de nostalgia de no tenerlos a todos en ese momento, supe que había cumplido un sueño, el de conocer a esa tal Aurora, de apellido Boreal.

auroras boreales en Islandia

auroras boreales en Islandia

auroras boreales en Islandia

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

viernes, 8 de enero de 2016

Ciudades de videoclip: Tokyo

No sólo los blogs de viajes y las fotografías de Instagram incitan a viajar, ¿no crees? En mi caso, los videos musicales me despiertan unas ganas locas de tomar un avión y ¡salir volando! Me encantan aquellos videoclips que tienen como telón de fondo ciudades o monumentos del mundo.

Hoy voy a estrenar una nueva sección en el blog que se llamará: "Ciudades de videoclip", y que tratará, como el nombre indica, de lugares del mundo que han elegido los cantantes para rodar sus vídeos.

Como hoy es viernes y se acerca el fin de semana, vamos a ver dónde se grabaron dos canciones moviditas de dos grupos muy famosos del panorama musical internacional: The Killers y Muse. Estas dos bandas eligieron la ciudad de Tokio, en Japón, para grabar sus canciones.


Así, la banda de rock estadounidense The Killers rodó su canción Read my mind en Tokyo. En el videoclip podemos ver vistas panorámicas de la ciudad, el monte Fuji y algunas de las calles de la capital de Japón, recorridas por los miembros de la banda en bicicleta. También aparecen jugando con niños en un parque y en una sala recreativa de la ciudad. Y para terminar el vídeo musical... ¡un hotel cápsula!

                  

Por su parte, Muse rodó el videoclip de Panic Station en Tokyo también. En este vídeo musical se puede ver el famoso cruce de Shibuya. Hay que decir que fue un videoclip polémico en su estreno, pues al comienzo aparecía la Bandera del Sol Naciente, la bandera de guerra del Ejército Imperial Japonés usada hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Este hecho provocó numerosas críticas, lo que llevó a la banda a cambiarla por la bandera de Japón al día siguiente.

                 

Y tú, ¿conoces otros videoclips grabados en Tokio?

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

martes, 24 de noviembre de 2015

Lost in Japan

Muchas veces en mis viajes he tenido la sensación de estar un poco perdido, no en el sentido de deambular, sin saber dónde ir (que también me ha pasado), sino de verme en medio de una película en la que los estímulos van y vienen a velocidades de vértigo sin tener apenas tiempo de procesar lo que estoy viviendo. Si a todo esto le unimos la diferencia cultural de algunos destinos hace que esa sensación de estar desubicado se acentúe. Tal y como me pasó en mi viaje a Japón, donde todo es tan distinto a lo que estamos acostumbrados a ver...


Con el tiempo me he dado cuenta de que no soy el único en experimentar esta sensación. A Marco Sansalone, por ejemplo, también le pasó. Si seguís el blog, quizá os suene Marco, un creativo publicitario entre cuyas aficiones está hacer vídeos de viaje y la fotografía y que ha colaborado con alguno de sus vídeos de Malasia e Indonesia en Adictos a los viajes. 

Hoy, gracias a él vamos a poder viajar a Japón sin movernos del sofá; concretamente veremos un vídeo de su aventura por Japón en la que recorrió durante 14 días 1840 km y visitó 11 lugares del país nipón: Osaka, Nara, Arashiyama, Kyoto, Fushimi Inari Taisha, Miyajima, Hiroshima, Nikko, Kamakura, Yokohama y Tokyo.

¿Preparados? ¡Comienza Lost in Japan!
          

Bamboo Forest - Arashiyama
Bamboo Forest - Arashiyama
Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima
Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima
Torii de Miyajima
Torii de Miyajima
Pabellón Dorado en Kyoto
Pabellón Dorado en Kyoto
Torre de Tokyo
Torre de Tokyo
Cruce de Shibuya, Tokyo
Cruce de Shibuya, Tokyo
Osaka
Osaka
Santuario sintoísta de Fushimi Inari, Kyoto
Santuario sintoísta de Fushimi Inari, Kyoto
Asakusa, Tokyo
Asakusa, Tokyo

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El olivo de Fuentebuena, el olivo más grande del mundo

En el mar de olivos de Jaén hay olivos grandes, olivos muy grandes y olivos extremadamente grandes. Como jiennense que soy, estoy acostumbrado a ver olivos (u olivas, como solemos llamar a este árbol) de todas dimensiones y en múltiples parajes: en tierras llanas, junto a carreteras, al lado de ríos y encaramados en empinadas colinas o montañas, codeándose con pinos y otros árboles.

Olivo de Fuentebuena, el olivo más grande del mundo
O yo soy muy pequeñito o este olivo es gigantesco...
Pues bien, el olivo que tuve la oportunidad de ver el otro día, me dejó asombrado. Está en Arroyo del Ojanco (un pueblo de la provincia de Jaén), recibe el nombre de olivo de Fuentebuena y es considerado como el olivo más grande del mundo. Lo había visto en fotografías, pero hasta que no lo vi en directo, frente a mí, no tuve conciencia de su graaaaan tamaño.

Olivo de Fuentebuena, el olivo más grande del mundo
Olivo de Fuentebuena, posiblemente el olivo más grande del mundo
Ponerme bajo su sombra fue como estar abrazado por un ancianito que desde siglos ha estado soportando heladas, fríos vientos, tórridos calores y sequías extremas. 

Olivo de Fuentebuena, el olivo más grande del mundo
Ramas del olivo de Fuentebuena
Un robusto ancianito que a pesar de ser centenario continúa dando frutos, quizás no tantos como en una cosecha de los años 1800 en la que, según las crónicas, proporcionó unos 850 kg de aceituna de variedad picual y que le valió su inclusión en el Libro Guinness de los Records. 

Olivo de Fuentebuena, el olivo más grande del mundo
Aceitunas del olivo de Fuentebuena (julio 2015)
Y no es de extrañar, pues hoy en día, con todos los adelantos técnicos con que se cuenta, un olivo puede producir entre 80 y 120 kg (y esto es ya una muy buena cantidad).

Olivo de Fuentebuena
Tronco del olivo de Fuentebuena
Como ya he dicho, el olivo de Fuentebuena destaca por sus dimensiones, y para muestra, unos datos: mide 10 metros de altura, su tronco llega a lo 4,80 metros de perímetro en la base y alcanza los 4 metros a 1,20 metros del suelo. Sus dos gruesas ramas en las que se divide el tronco miden 2,10 y 2,80 metros de diámetro. Por otro lado, su copa tiene una proyección de 116 metros cuadrados y un diámetro de entre 11 y 13 metros. Por su singularidad y su importancia, la Junta de Andalucía lo ha declarado como Monumento Natural.

Madera de olivo de Fuentebuena
Madera del olivo de Fuentenueva
En cuanto a la edad de este olivo centenario, no se sabe con certeza. Está claro que por su tamaño se trata de un árbol con varios siglos de antigüedad. Hay una leyenda que dice que fueron unos frailes mendicantes quienes, tras la conquista de Al-Andalus, plantaron el olivo con la intención de que no les faltase nunca el aceite de oliva para destinarlo a los santos óleos.

Dónde está el olivo de Fuentebuena

Llegar al olivo de Fuentebuena es fácil. Está a 4 km del núcleo urbano de Arroyo del Ojanco, dentro del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Para ir, debes tomar como referencia el pueblo de Arroyo del Ojanco. En un punto de la Carretera Nacional 322 (N-322, la futura autovía A-32) a su paso por este pueblo hay un desvío hacia "Fuentebuena". 

Cómo ir al olivo de Fuentebuena
Indicaciones para llegar al olivo de Fuentenueva
Una vez lo tomas has de seguir recto y tomar la carretera JA-9114 en dirección Beas de Segura. La carretera se encuentra en buen estado, asfaltada, quizá un poquito estrecha. Pasarás por las aldeas de Los Motas y Los Guijalbas. Un poco más adelante encontrarás un cruce hacia Prados de Armijo y hacia Beas de Segura. 

Cómo ññegar al olivo de Fuentebuena
Indicaciones para ir al olivo de Fuentenueva
En ese punto ya verás el olivo de Fuentebuena al frente, a unos 50 metros, destacando de entre los olivos que tiene a su alrededor. Has de tomar el desvío a Beas de Segura.




El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

jueves, 29 de octubre de 2015

Reynisdrangar: cara a cara con los trolls petrificados de Islandia

Viajar a Islandia es una de las experiencias más bonitas que he tenido en mi vida. No sólo por la increíble variedad de paisajes que encontré, sino por las sensaciones que experimenté allí. Islandia está lleno de lugares inhóspitos, solitarios, mágicos, dramáticos, agrestes, agradables, desgarradores... Se me quedan cortos los adjetivos para expresarlo con palabras.

Uno de esos lugares inquietantes que vi fue Reynisdrangar, muy cerca de la pequeña localidad costera de Vik, en el sur de la isla. He de decir que este sitio no es ni por asomo de los más espectaculares de Islandia. Objetivamente, es una playa de arena negra, rodeada de algunos acantilados recubiertos de verde, y con tres formaciones rocosas mar adentro. No es algo extraordinario visto así. Pero si se ve bajo ciertas circunstancias y empiezas a indagar en la historia que se esconde tras las rocas de Reynisdrangar, comienzas a ver las cosas de otra manera y a experimentar sensaciones que van mucho más allá de contemplar esas tres agujas basálticas en mitad del agua.

Rocas de Reynisdrangar
Reynisdrangar, Islandia
Eran las 5 de la tarde de un día lluvioso, muy lluvioso. Un día gris. Gris y ventoso. Llegamos a Vik zarandeados y acariciados por el frío viento. Las gotas de agua, furtivas, iban y venían a merced del aire, cayendo sobre la única parte de nuestro cuerpo que estaba expuesta al exterior: la cara. Caminamos por un pequeño sendero hasta que llegamos a la playa de Vik, que en 1991 fue catalogada como una de las diez playas no tropicales más bellas del mundo. Estaba desierta. Tan sólo un valiente fotógrafo pululaba por allí intentando encontrar el mejor ángulo para su foto, luchando contra la fuerza del vendaval.

Reynisdrangur Islandia
Reynisdrangar, los trolls de Vik
Lo primero que me sorprendió fue la arena. Era arena negra, un color que contrastaba muchísimo con la cresta blanca de las bravas olas del Atlántico Norte. El mar estaba muy enfurecido. El viento no paraba de soplar, las olas no cesaban de romper, unas con otras, vomitando espuma al fundirse con la oscura arena de la orilla. Al levantar la mirada de allí, me di cuenta de que estaba junto a un acantilado pintado de tonos verdosos que contrastaban con el marrón negruzco de la tierra y el blanco cegador de la especie de neblina que nos abrazaba. Tenía la impresión de encontrarme en un escenario de una película de suspense. 

Playa de arena negra en Vik
Playa de arena negra en Vik

Tenía frío, mucho frío. Sentía cómo las gotas de agua se deslizaban plácidamente por mi cara, provocándome incómodas cosquillitas en mis mejillas. El estruendo de las olas le daba un cierto aire dramático a la situación. Y entonces, los vi. Allí estaban ellos, siendo azotados por la rabia del mar, soportando las embestidas de las olas, impasibles, inmóviles, desde que aquel fatídico día quedaron petrificados.
Trolls de piedra de Vik Islandia
Trolls de piedra de Vik, Islandia
Me encontré cara a cara con los tres trolls de Vik: Skessudrangar, Landdrangar y Langhamrar. Aquellos que, según cuenta la leyenda, salieron una noche de sus cuevas y estuvieron arrastrando un barco hasta la orilla. Una empresa que les llevó más tiempo del previsto, por lo que fueron sorprendidos por el día, por la luz del sol, que los transformó en piedra. Y desde entonces, ahí siguen, convertidos en tres grandes agujas de basalto, viendo pasar, impasibles, el tiempo.

Llegados a este punto, me sorprendo de lo mucho que puede cambiar la opinión que nos hacemos de un lugar en función de las emociones que hayamos experimentado al verlo. Lo que objetivamente sólo eran tres rocas apuntando hacia el cielo, para mi se transformaron, cobraron vida, sentido, en medio del vendaval de emociones que son capaces de generar los paisajes de Islandia.



El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

jueves, 15 de octubre de 2015

Viaja a Islandia al menos una vez en la vida, no lo olvides

Viajar a Islandia al menos una vez en la vida. Sí, esa es la conclusión a la que he llegado después de mi viaje a Islandia. La gente que me conoce ya sabe que desde siempre he querido visitar Islandia, ese pequeño país ubicado en los límites del círculo polar ártico, entre Europa y América.

Por mucho que uno vea fotografías o vídeos de esta isla de hielo y fuego no se hace una idea de lo que le espera allí. La mayoría de sus paisajes son irreales, como si estuvieran sacados de otro mundo o preparados para una película de ciencia ficción. Eso sí puede estar reflejado en las fotos, pero lo que no se puede captar es la atmósfera que hay allí, el ambiente, las sensaciones. El silencio, la soledad, el dramatismo y desolación de las zonas volcánicas, la imperturbable presencia de los glaciares, la fuerza y los sonidos de la energía de la Tierra, el estruendo del agua al caer por los cientos de cataratas que discurren por la isla, la inquietante y emocionante visión de las auroras boreales en las gélidas noches... Sencillamente, Islandia es un país que hay que visitar al menos una vez en la vida.

Kirkjufell
Kirkjufell
Mi viaje a Islandia duró 10 días y decidí, junto a mi compañero de viaje, dar la vuelta a la isla. Quizá era un poco pretencioso, pero preferimos llevarnos una visión general a explorar tan sólo un par de regiones del país. Íbamos concienciados de que pasaríamos mucho tiempo en el coche, que haríamos muchos kilómetros (2394 al final) y que quizás nos acabaríamos cansando. Pero nada más lejos de la realidad, pues el mero hecho de conducir por Islandia era ya una forma de adentrarnos en sus bellos paisajes, de ir conociendo la isla. De hecho, algunos de los mejores paisajes que hemos tenido la oportunidad de contemplar los hemos visto desde las carreteras, que, sin duda alguna, son de las más escénicas del mundo. Por otro lado, convenimos que para dormir haríamos acampada (libre o en camping) o usaríamos el coche. Todo estaba pensado para ahorrar (Islandia es un país muy caro) y para tener una total libertad de movimientos.



Nuestro vuelo a Islandia (de Barcelona a Keflavik, el aeropuerto internacional de Reykjavik) duró unas 4 horas y fue allí donde comenzó nuestra ruta #Islandiadictos. Tras hacer los trámites del coche de alquiler nos pusimos en marcha. Comenzaban los 10 días de aventura. Íbamos a seguir la carretera 1, la carretera de circunvalación que rodea la isla, aunque haríamos una serie de desvíos para explorar otras zonas. *Atención, si se alquila un turismo no se puede circular por las carreteras catalogadas como F.

Nuestro primer día lo pasamos en la península de Snaefellsnes. Aquí se encuentra el Snaefellsjökull, el volcán donde Julio Verne estableció al entrada al centro de la Tierra en su famoso libro Viaje al centro de la Tierra. También hay pueblecitos pesqueros, como Stykkishólmur.

Stykkishólmur
Stykkishólmur
Esta península es como una Islandia en miniatura, pues tiene volcanes, glaciares, campos de lava y las omnipresentes cascadas.
Volcán Saxhóll
Volcán Saxhóll
La primera noche la hicimos cerca de una gasolinera, a la entrada del pueblo de Blönduós, a medio camino entre la península de Snaefellsnes y nuestra próxima etapa: la península de Tröllaskagi, en el norte de la isla.
Península de Tröllaskagi
Península de Tröllaskagi
Queríamos visitar la península de Tröllaskagi porque habíamos leído que tenía un cierto aire a los Fiordos Occidentales, región que no visitaríamos por su difícil acceso y falta de tiempo. Realmente quedamos muy satisfechos con nuestra visita a esta península.
Siglufjordur
Siglufjordur, pequeño pueblo en la península de Tröllaskagi
Serenos fiordos en una soledad absoluta nos estaban esperando. Una zona de auténticos paisajes de fondo de pantalla de ordenador.

Península de Tröllaskagi
Península de Tröllaskagi
La siguiente noche acampamos en Akureyri, la segunda ciudad más importante de Islandia, la capital del norte, como la llaman.

Akureyri
Akureyri
Por la tarde dimos un breve paseo por la ciudad y al día siguiente nos dirigimos a una de las cataratas más bonitas de Islandia: Godafoss, la cascada de los dioses.

Cascada de Godafoss
Cascada de Godafoss
Tras ella, pusimos rumbo a la zona del lago Mývatn (pronunciado algo así como [mivaut]).

Lago Mývatn
Lago Mývatn
Se trata de una zona donde se puede contemplar en primera persona la energía geotérmica de la Tierra, como en Bjarnarflag y Hverir.

Bjarnarflag
Bjarnarflag

Hverir
Hverir
Ahí nos esperaban fumarolas, lodos burbujeantes, aguas saliendo del interior de la tierra a más de 100 grados de temperatura, la cueva de lava Grjótagjá, el cráter del volcán Viti y la zona volcánica de Leirhnjúkur. Sin duda una de las zonas más raras e impactantes de Islandia.

Hverir
Hverir
Cueva Grjótagjá
Cueva Grjótagjá
Zona volcánica de Leirhnjúkur
Zona volcánica de Leirhnjúkur


Aquí también se encuentran los baños termales de Mývatn. Más pequeños y menos famosos que la Laguna Azul, cerca de Reikiavik, pero menos masificados y más económicos.

baños termales de Mývatn
Baños termales de Mývatn
Ese día hicimos noche a las "puertas" de la cascada Dettifoss, la cual visitaríamos al día siguiente, junto a la cascada de Selfoss. Están muy cerca la una de la otra, a un pequeño paseo de 10 minutos.

Cascada Dettifoss
Cascada Dettifoss
Después de esto, teníamos previsto visitar los Fiordos del Este... Pero la lluvia hizo acto de presencia. Una lluvia muy intensa y sin pausa, lo que nos llevó a pasar por la zona simplemente, sin poder disfrutarla al 100%. Eso sí, tuvimos la suerte de ver Seydisfjördur, un encantador pueblecito enclavado al final del fiordo.

Seydisfjördur
Seydisfjördur
Como las lluvias seguían y seguían y la niebla nos impedía ver nada, decidimos continuar nuestro camino en dirección sur, hasta Höfn, donde hicimos noche en el coche y nos despertamos con un bonito amanecer.

Amanecer en Höfn
Amanecer en Höfn
Höfn
Höfn
Y desde Höfn nos dispusimos a conocer el sur de Islandia, una de las zonas más impresionantes de la isla. El trayecto de unos 200 km entre Höfn y Kirkjubaejarklaustur es increíble. 

Glaciar Fjallsárlón
Glaciar Fjallsárlón
Unos paisajes inimaginables: glaciares, montañas, prados verdes, deltas de ríos, prados verdes con ovejitas, volcanes, cascadas...

Sur de Islandia
Sur de Islandia
De entrada, nos encontramos con la laguna glaciar de Jökulsárlón. Sencillamente indescriptible.

Laguna glaciar de Jökulsárlón
Laguna glaciar de Jökulsárlón
Laguna glaciar de Jökulsárlón
Laguna glaciar de Jökulsárlón
Más tarde llegamos a Skaftafell, en el Parque Nacional de Vatnajökull.
Trekking por Skaftafell
Trekking por Skaftafell
Allí hicimos un trekking por la zona.

Cascada de Svartifoss
Cascada de Svartifoss
Visitamos la cascada de Svartifoss y continuamos hasta el mirador de Sjónarnipa, donde estuvimos un rato sentados, hipnotizados, por el glaciar Skaftafellsjökull.

Glaciar Skaftafellsjökull
Glaciar Skaftafellsjökull
Hicimos noche en el camping del centro de visitantes y a la mañana siguiente viví uno de los momentos inolvidables del viaje, un pequeño trekking por el glaciar Falljökull. Calzarte los crampones y caminar sobre el hielo es algo que recordaré siempre.
Trekking por el glaciar Falljökull
Trekking por el glaciar Falljökull
Hecha la excursión, pusimos rumbo a Vik, donde contemplaríamos Reynisdrangur, unas formaciones rocosas en la playa de arena negra que, según cuenta la leyenda, son trolls petrificados que fueron sorprendidos por la luz del sol.
Reynisdrangur, Vik
Reynisdrangur, Vik
En este punto, volvió la tan molesta lluvia y el viento... Pese a todo, conseguimos visitar la cascada de Skógafoss y Seljalandsfoss.

Cascada de Skógafoss
Cascada de Skógafoss
También pasamos por la zona del volcán Eyjafjallajökull, aquel cuya erupción paralizó el espacio aéreo de Europa durante unos días de 2010. Desde la carretera se podían ver granjas destruidas por aquella erupción.

Esa noche hicimos noche cerca de la cascada de Gullfoss, una impresionante catarata que visitaríamos al día siguiente.

Cascada de Gullfoss
Cascada de Gullfoss
Como también hicimos con la zona de Geysir y el géiser Strokkur.

Géiser Strokkur
Géiser Strokkur
Luego fuimos al Parque Nacional de Thingvellir, el lugar donde se ubicó el primer parlamento del mundo, allá por el siglo X, y donde se encuentra la unión de las placas tectónicas Euroasiática y Americana.
Parque Nacional de Thingvellir
Parque Nacional de Thingvellir
De alli, pusimos rumbo a la Reikiavik o Reykjavík, la capital, donde pasaríamos el último día y medio. Para reponer fuerzas después de todo lo que habíamos hecho nos alojamos en una casa particular de airbnb.

Sólfar, el Viajero del Sol, Reikiavik
Sólfar, el Viajero del Sol, Reikiavik
En Reikiavik visitamos el casco antiguo de la ciudad, la Hallgrímskirkja, el edificio más alto de Islandia, y salimos también por la noche.

Hallgrímskirkja
Hallgrímskirkja
Además, tuvimos la suerte de poder contemplar una aurora boreal a unos 50 km de Reykjavik. Sin duda, fue el broche de oro al gran viaje por Islandia.

Aurora Boreal en Islandia
Aurora Boreal en Islandia
Próximamente, iré escribiendo más posts sobre Islandia, ampliando la información de este artículo. Si quieres estar al día de nuestras aventuras por Islandia y por el mundo y recibir nuestros post por email, haz click aquí.


El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.