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martes, 17 de febrero de 2015

Lisboa en un día: descubriendo su encanto


Hoy tenemos un post invitado de Laura Morales, una joven canaria licenciada en periodismo que nos mostrará el encanto de Lisboa en un solo día. Hace un tiempo comenzó un viaje por Europa que la ha llevado a vivir durante unos meses en Bélgica y Holanda. Laura también cuenta sus experiencias en su blog Los intrusos del tiempo. Gracias, Laura, por acercarnos Lisboa al resto de adictos a los viajes.

Lisboa tiene esa cosa bonita que tienen todas las ciudades viejas, esos símbolos de decrepitud que hablan de su propia historia; esos años tan bien llevados. 


plaza do comercio lisboa
Praça do Comércio, la plaza más importante de Lisboa 

Nos lo cuentan los azulejos que cubren las fachadas, las calles empinadas del Bairro Alto o Alfama, que parece haberse quedado perdida en el tiempo.

barrio de alfama Lisboa
Barrio de Alfama

Pero no nos engañemos, también es una ciudad que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Todo aquel que la haya visitado estoy segura de que coincidirá conmigo; Lisboa es una ciudad con encanto propio que no necesita mucho tiempo para ser vista, pero sí para ser disfrutada. Es por ello que una visita relámpago no sea suficiente para descubrir sus rincones, aunque en este artículo intentaremos condensar lo más importante.

Nuestra ruta comienza de buena mañana, cuando el sol traspasa los edificios que rodean la Plaça do Rossio. Esta plaza se puede seguir considerando el centro neurálgico de la ciudad, puesto que desde ella que se ramifican amplias calles repletas de restaurantes y tiendas donde los turistas se apelotonan delante de los carteles de los bares, que aseguran ofrecer el mejor Bacalhau à Brás de toda la ciudad. Pero no caigamos en el error, lo cierto es que desde que nos alejemos de ellas encontraremos precios más competitivos y restaurantes más auténticos. Entre las joyas que encontraremos en la Plaça del Rossio hay que destacar la imponente estación ferroviaria, desde donde parten los trenes hacia Sintra, sus fuentes y la estatua de Pedro IV.

Nuestro recorrido continua bajando la Rua da Plata hasta llegar a la Praça do Comercio y sus impresionantes vistas del río y del otro lado de Lisboa. Si vas a pasar varios días en la ciudad, te recomiendo que le des una oportunidad a “la otra orilla” del río, de barrios pesqueros y casas humildes. No te arrepentirás de probar algunos de sus arroces con pescado fresco, ni tampoco de bañarte en sus playas, a escasos diez minutos en tranvía desde el puerto. Si te ha picado la curiosidad, solo tienes que dirigirte al oeste desde la Praça do Comercio hasta llegar a la estación de Cais do Sodré.

Antes de recorrer las empinadas calles de Chiado, te recomiendo que des una vuelta por las calles bajas del mismo; conocidas como la zona de las Docas. Debajo del Puente del 25 de abril se encuentra una larga calle de terrazas que por la noche se reciclan en pubs y discotecas. Es aquí donde descubrí un lugar un tanto curioso y que merece una visita; el Sentidos Cabaret. Se trata de un antiguo bar de striptease cuyas esbeltas escaleras parece ser que llevaban a habitaciones de mujeres de compañía. El lugar, hoy en día reformado en un bar, sigue conservando la atmósfera un tanto estrafalaria de esos días. No te dejes engañar por su entrada lúgubre y llena de graffitis – muy buenos, por cierto – y llega hasta la tercera planta. Posiblemente no hayas visto nada igual.

Sentidos Cabaret Lisboa
Sentidos Cabaret Lisboa

Llegamos por fin al centro de Chiado, conocido por albergar grandes calles repletas de tiendas, pero también por poseer pequeños rincones con encanto, como el café Art Decó Brasileira, uno de los más antiguos de Lisboa. En su entrada encontrarás la famosa estatua de un Fernando Pessoa sentado, disfrutando de uno de los famosos cafés del local. Si eres perezoso, siempre podrás coger el Elevador de Santa Justa para llegar a esta zona, aunque tendrás que pagar cerca de dos euros por ello.

barrio de Chiado Lisboa
Chiado

Hacemos un stop para comer antes de seguir recorriendo las calles del Bairro Alto. Nosotros comimos en Casa da India, porque al preguntar en el hostel nos dijeron que era un sitio muy tradicional, barato, céntrico y frecuentado por gente local. Lo cierto es que es un bar bastante destartalado, de típicos manteles de papel blanco, bandejas de platón y camareros de pantalón de pinzas negro y camisa blanca; para sentirse como en casa. Se encuentra en la Rua do Loreto, pasando la Plaça de Luís do Camões – que, por cierto, es un rincón que merece también una visita.

Tras un buen almuerzo nuestro cuerpo se merece un descanso. Mi recomendación es que huyas de las calles donde hay un hervidero masivo de turistas y te adentres por aquellas que conducen hasta el mirador de Santa Catarina, uno de mis rincones favoritos de la ciudad. Vayas cuando vayas – siempre y cuando el sol brille un poco – encontrarás a gente relajada tirada en el césped. Si tienes suerte, encontrarás algunos músicos o incluso grupos de malabaristas haciendo un pequeño espectáculo. Siempre animado, el mirador de Santa Catarina también es el lugar ideal para tomar unas fotos cuando la tarde comienza a caer.

mirador de santa catarina Lisboa
Mirador de Santa Catarina

Tras esta parada estratégica, nos alejaremos de Chiado para entrar en el Bairro Alto. Zona conocida por su ambiente nocturno, permanece casi desértica durante el día. En él, encontraremos el Centro Cultural Carpe Diem - Rua de O Século, 79 - un curioso casón semi-restaurado y de entrada gratuita que acoge charlas y exposiciones de artistas locales. Una joya en medio del barrio con una bonita terraza interior con una fuente y pavos reales incluidos.

centro cultural carpe diem lisboa
En el Centro Cultural Carpe Diem

Volveremos al Bairro Alto al caer la noche, pero las tardes en Lisboa son largas y no debemos dejar pasar la oportunidad de ver La Sé – la catedral lisboeta – o de pasear por Alfama, un barrio de pescadores que, tal y como indiqué al comenzar el artículo, parece perdido en el tiempo. Sus calles estrechas mantienen el encanto de antaño, con coladas colgando de las ventanas, niños jugando a la pelota en las calles y la ausencia de coches. Por otro lado, Alfama acoge la mayoría de restaurantes con fado en directo, aunque lamentablemente bastante turísticos.

Volvemos a subir por calles empinadas –Lisboa es todo cuestas, no podrás escapar de ellas– hasta llegar a la calle Costa do Castelo, número 1. ¿Y por qué vale la pena venir hasta aquí? Pues para encontrar uno de los sitios más pintorescos de Lisboa, El Chapito. Escuela de payasos, ilusionistas y malabaristas, se ha convertido en una terraza y restaurante de referencia en la ciudad por sus impresionantes vistas, su música en directo y su ambiente disperso. También encontrarás varios puestos de productos bio y bisutería. Nosotros nos decantamos por probar los “chupitos del licor de amor” que vienen en curiosos vasos de chocolate comestible o en cáscaras de maracuyá.

el chapito lisboa
El Chapito

Nuestra breve pero intensa jornada en Lisboa concluirá, como no, en el Bairro Alto, concretamente en la Plaça do Naciones, donde disfrutarás de unas impresionantes vistas del Castelo de São Jorge. Si te gusta la música en directo – una de mis pasiones – te recomiendo que comiences la noche en el local de música en directo que se encuentra justo debajo del Hostel Alface – Rua do Norte, 96-. Rock, blues y muy buen ambiente acompañados de un rico mojito.

Ciertamente, uno de los principales encantos del Bairro Alto consiste en vagabundear por sus calles, perderse y encontrar diferentes bares y ambientes. Lo normal es que te pongan una cerveza – siempre Super Bock o Sagrés – en vaso de plástico. No pongas cara de extrañado, pues es frecuente que la gente se siente fuera de los locales, en las calles aledañas disfrutando de la brisa y de las nuevas amistades. De hecho, el Bairro Alto es el mejor sitio para conocer gente nueva y, quien sabe, tal vez tras una noche entre sus calles decidas quedarte unos días más.

Lisboa y el río tajo
Lisboa y el  río Tajo

La autora

Laura es una periodista de origen canario. Tras terminar sus estudios en Madrid y vivir durante unos meses en Bélgica, se encuentra viajando por Holanda y no ve aún el momento de volver a las islas. Le gusta la fotografía, la buena comida, la música en vivo y es especialista en perderse por las calles de cualquier ciudad - su mala orientación da fe de ello - encontrando rincones asombrosos. Se define como una utópica amante de las distopías, aunque no viajaría a ninguna de ellas.

martes, 20 de enero de 2015

Tren Maglev Shanghai: volando gracias a la levitación magnética

Llegué al Aeropuerto Internacional de Shanghai Pudong procedente de un vuelo de Xian. Se acercaba la última etapa de mi viaje a China. Las fuerzas ya flaqueaban un poquito, como pudo comprobar la gente que me vio pegarme una culada contra el suelo cuando quise echarme la mochila a la espalda, justo después de recogerla de la cinta de equipajes. En aquel momento quise que me tragara la tierra, al igual que lo deseé días después en el autobús para ir de Suzhou a Tongli.

tren maglev shanghai
Tren de levitación magnética Maglev Shanghai

Para ir del aeropuerto de Shanghai Pudong a la ciudad de Shanghai se puede tomar el metro, el taxi o uno de los trenes más rápidos del mundo, el Maglev Shanghai, un tren de alta velocidad mediante levitación magnética, es decir, un tren que no va por raíles, se desplaza “volando” gracias a tremendos campos magnéticos.
Tickets tren maglev shanghai
Ventanilla para comprar los tickets del Maglev Shanghai en el Aeropuerto de Pudong
Desde que supe de su existencia, quería probar esta experiencia. Quería darme el capricho. No todos los días se puede tomar un tren y “levitar” con él. Viajar en el tren Maglev es caro (50 yuanes, unos 6,50 euros), teniendo en cuenta que el trayecto en metro cuesta unos 6 yuanes (no llega a 80 céntimos de euro). Además, la duración del trayecto del Maglev es de tan sólo 7 minutos y medio. Así que el viaje se pasa volando. Me paro a pensar y me quedo con la boca abierta al pensar que hace los 30 km que separan el Aeropuerto de Pudong de Shanghai en solo este tiempo. (Inciso dirigido a mis amigos de toda la vida y familiares para que se hagan una idea de las velocidades y el tiempo de este trenecito: imaginad hacer el trayecto de Villacarrillo, nuestro pueblo, a Úbeda en tan sólo ¡7 minutos y medio! ¡Es de locos!). 
velocidad tren levitacion magnetica shanghai
Velocidad del tren Maglev Shanghai
La velocidad máxima que alcanza es de 431 km/h (la del tren de Alta Velocidad Española, el AVE, es de 300km/h). Esta velocidad la adquiere aproximadamente a unos 3 minutos y medio de haber comenzado a andar. Luego la velocidad va descendiendo. En total, la velocidad media del viaje es de unos 240 km/h. No está nada mal, ¿verdad?


El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

martes, 30 de septiembre de 2014

Los Colosos de Memnón y el llanto de la Aurora


Nuestro barco estaba atracado en Luxor, sobre las aguas del río Nilo. El sol empezaba a calentar, a pesar de que la mañana no había hecho más que comenzar. Ese día teníamos previsto visitar los templos del Valle de los Reyes, donde se encuentran las tumbas de la mayoría de faraones del Imperio Nuevo. Así que, tras poner en práctica mis dotes de regateo con un taxista, nos pusimos rumbo al oeste de Luxor, a la orilla occidental del Nilo. 


Unos minutos después de salir, pedimos al taxista que nos parara un momento para ver los famosos Colosos de Memnón. A primera vista, no sorprenden tanto como algunas de las impresionantes construcciones que habíamos visto previamente, pero cuando me coloqué frente a ellos e intenté imaginar lo que allí había hacía más de 3000 años, la presencia de los colosos comenzó a hacerse más grande.

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Colosos de Memnón
Frente a mí, tenía dos gigantescas estatuas de piedra (cuarcita) cuya misión original era la de presidir la primera entrada de los tres pilonos levantados del que fue, en su día, el mayor templo funerario del área tebana: el templo de Amenhotep III (o Amenofis III, como era llamado por los griegos), de unos 700 metros de largo, compuesto de tres patios, una sala hipóstila, un peristilo y un santuario. Hoy en día, de este colosal templo, que era más grande incluso que el Templo de Karnak, no queda apenas nada. La razón, un intenso terremoto que lo arrasó en el año 27 d. C., que destruyó las grandes figuras del templo, rompiéndolas en cientos de pedazos y dejándolas sumergidas en una mezcla de agua y barro. Pero en este cataclismo hubo dos supervivientes: los Colosos de Memnón, que representan al faraón Amenhotep III. 

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Sobrevivieron al seísmo y desde entonces uno de ellos, el del lado derecho, "comenzó a llorar" cada amanecer, según los lugareños de aquellos tiempos. Este pequeño detalle hizo que se generara una leyenda en torno a la estatua. Decían que este coloso parlante era Memnón, mítico guerrero hijo de la Aurora, abatido por Aquiles, que cada mañana saludaba a su madre al alba, cuando la veía aparecer por el horizonte. Pero el Coloso Memnón dejó de emitir estos llantos con motivo de la restauración que fue ordenada en el siglo III por Septimio Severo. 

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La explicación racional de sus gemidos era una grieta que se abrió en la estatua desde la parte alta de la espalda hasta la cintura. Una grieta que, al ser calentada por los primeros rayos de sol al amanecer, provocaba el "saludo" o el llanto a su madre todos los días.

colosos-de-memnon

 Finalmente, después de contemplar a estos dos gigantes solitarios, enfilamos de nuevo hacia el taxi que nos llevaría al Valle de los Reyes.

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Bajo relieve de uno de los Colosos de Memnón


El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

domingo, 20 de julio de 2014

Botiquín de viaje para África, vacunas y otros consejos sanitarios

A la hora de preparar un viaje, la salud es algo que hay que tener muy en cuenta. En general, se presta bastante atención al tipo de ropa que se va a llevar, al calzado, a la cámara de fotos, si llevas o no chubasquero... Pero a veces, el tema sanitario puede quedar un poco en segundo plano.

En mi caso, cada vez que viajo intento seguir una serie de recomendaciones sanitarias para viajeros internacionales y contratar un seguro de viaje (nunca se sabe qué va a pasar, y, como decía mi abuela, "donde va el cuerpo, va el peligro"). Así que, como era de esperar, puse especial atención al tema de la salud durante la preparación de mi viaje a Burkina Faso, mi primera aventura en el África negra.

botiquin-vacunas-africa

Fui a un Centro de Vacunación de Sanidad Exterior, concretamente al de Barcelona, para informarme de qué vacunas necesitaba ponerme para viajar a África y de otras cuestiones médicas.

Para viajar a Burkina Faso tuve que ponerme obligatoriamente la vacuna de la fiebre amarilla, pues es un requisito indispensable para la entrada al país. De hecho, en cuanto bajé del avión y entré en la terminal del Aeropuerto Internacional de Ouagadougou, ya estaba esperándome un control para revisar mi cartilla de vacunación internacional, que me dieron tras pegarme el pequeño pinchazo al inocularme el virus en Barcelona, un mes antes aproximadamente de mi llegada a Burkina.

Durante la entrevista con la médica que me atendió, también quedamos en que me pondría la vacuna antimeningocócica tetravalente (en palabras entendibles, la vacuna para prevenir la meningitis de los grupos A, C, Y y W135), si bien no era la temporada alta de riesgo.

También me planteó la posibilidad de tomar una vacuna oral frente la fiebre tifoidea (tres pastillas en total, tomadas una cada dos días, unos 10-15 días antes del comienzo del viaje). Se trata de una vacuna que no es 100% efectiva y cubre al 50%-80% aproximadamente de los vacunados. Yo no me vacuné.

Las vacunas de la hepatitis A y B también hay que ponérselas. En mi caso, ya las tenía. La primera me la pusieron cuando era pequeño y la segunda, antes de viajar a Guatemala.

 También me recomendó hacer la profilaxis contra la malaria, teniendo en cuenta que Burkina Faso es una zona con alto riesgo de paludismo, más aún en la estación lluviosa, cuando los mosquitos proliferan por doquier. Así que hice caso a la médica y comencé el tratamiento de Malarone: una pastilla diaria que tuve que tomar 2 días antes de llegar a la zona de riesgo, durante toda mi estancia y 7 días después de salir de la zona de riesgo. Se recomienda tomar la pastilla a la misma hora y con comida (preferiblemente con alimentos grasos).

Como todo medicamento, el malarone tiene efectos secundarios y reacciones adversas, si bien en mi caso, no padecí ninguno.

Y una vez estaba vacunado para viajar a Burkina Faso, me puse a contratar el seguro de viaje. Para este viaje a África, lo hice con Iati SegurosAfortunadamente, no lo tuve que utilizar. No obstante, saber que dispones de un buen seguro de viaje y que en caso de emergencia estás cubierto es algo que te tranquiliza mucho durante la aventura.

Por último, me dispuse a preparar el botiquín de viaje para África, de manera muy concienzuda, pues iba a ir a zonas rurales bastante apartadas. En mi botiquín para ir a Burkina Faso llevé:

- Analgésicos y antitérmicos, como paracetamol o ácido acetil-salicílico.
- Antiinflamatorios, como ibuprofeno.
- Antibióticos: amoxicilina.
- Antidiarreicos: Loperamida (Fortasec o Imodium). Fermentos lácticos vivos (probióticos) y sobres de suero.
- Antifúngicos para las infecciones por hongos, como Miconazol (crema de Canestén, por ejemplo).
- Antisépticos o desinfectantes, como Betadine.
- Protector solar de factor +50 (es que soy muy muy blanquito...)
- Repelente de insectos (por ejemplo, Relec ExtraFuerte, importante que contenga 40% DEET), que fue mi perfume durante todo el viaje.
- Gasas, tiritas y termómetro.

Y una vez preparado por dentro y por fuera, y respaldado por el seguro de viaje de IATI, llegó el día en que pisé Burkina Faso por primera vez, comenzando así una de las experiencias más bonitas, intensas y duras que he tenido hasta ahora, y que iré contando poco a poco próximamente.

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

martes, 25 de marzo de 2014

Barcelona, capital mundial del piano

Barcelona es una vez más desde el 22 de marzo al 3 de abril la capital mundial del piano, con motivo de la celebración de 60º Concurso Internacional de Música Maria Canals, el más antiguo de España de su tipo y de los primeros del mundo en ser aceptado por la Federación Mundial de Concursos Internacionales de Música en 1958.

Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona

Y gracias a este evento, todos los que pasamos este sábado pasado por el céntrico Passseig de Gràcia de Barcelona, nos topamos con la agradable sorpresa de encontrarnos con varios pianos de cola repartidos en diferentes puntos de la calle. Era el momento de Pianos al carrer (pianos en la calle).

Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona

En concreto eran diez instrumentos que provocaban a los transeúntes con un lema claro y directo: Seu. Sóc a les teves mans (Siéntate. Estoy a tus manos). 

Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona


Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona

Y muchos le hicieron caso: niños, que con una maestría pasmosa se atrevían con piezas de Vivaldi o Chopin; jóvenes que dejaban boquiabiertos a los que allí se congregaban; personas mayores que tocaban el piano, acariciándolo con dulzura como si fuera un bebé; maestros y alumnos, tocando a cuatro manos; amigos, que, además de tocar el piano, también mostraban su talento bailando o cantando... 

Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona

En definitiva una fiesta a la música, al buen gusto, al arte por el sonido del piano que desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde estuvo sonando en Passeig de Gràcia, convirtiéndolo en una sala de conciertos improvisada al aire libre, ante la admiración, sorpresa y buena acogida que tuvo por todos los que allí pasaban, desde turistas a la gente local.

Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona

Esta iniciativa, junto con otras que pretenden promover la divulgación y la práctica de la música mediante la participación ciudadana, da el pistoletazo de salida al concurso oficial que ha arrancado este sábado 22 de marzo y que congregará hasta el día 3 de abril a 88 participantes de 22 nacionalidades distintas.

Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona



                 

                 

                


El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

domingo, 9 de marzo de 2014

Rascacielos de España: Torre Iberdrola en Bilbao

La Torre Iberdrola es el sexto edificio más alto de España, por lo que no es de extrañar que a mi llegada a Bilbao con el autobús del aeropuerto fuera una de las primeras cosas en que me fijé de la ciudad.

torre iberdrola bilbao
Torre Iberdrola de Bilbao

Llegué en un día gris de febrero. Las gotas empezaban a caer y yo, mochila al hombro, no pude frenar el impulso de acercarme más a esa torre para admirarla y fotografiarla. El cielo, de tonalidades oscuras, se reflejaba en el edificio, dándole un cierto carácter frío pero refinado a la vez.

El cielo se iba poniendo cada vez más negro, pero yo aguantaba tranquilamente tomando fotos, hasta que... cayó el gran chaparrón y me tuve que refugiar en una cafetería donde aproveché para desayunar y leer sobre la Torre Iberdrola.

torre iberdrola bilbao
Torre Iberdrola Bilbao

La Torre Iberdrola fue diseñada por el arquitecto argentino César Pelli, entre cuyas obras destacan las famosas Torres Petronas de Kuala Lumpur, en Malasia; o la Torre de Cristal, en Madrid.

La Torre Iberdrola mide 165 metros de altura, lo que la convierten en el edificio más alto de Euskadi y la sitúan en el puesto 43º en la lista de los edificios más altos de la Unión Europea. Su construcción se inició en 2007 y se terminó 4 años después, en 2011, si bien no se inauguró hasta 2012. Consta de 41 plantas, dispone de 22 ascensores (los más veloces del País Vasco), 5500 ventanas exteriores y un helipuerto usado sólo para vuelos sanitarios o de emergencia.

torre iberdrola bilbao
Torre Iberdrola Bilbao

En la actualidad alberga las oficinas de la empresa eléctrica Iberdrola y se ha convertido en uno de los referentes del skyline de Bilbao.

Se ubica muy cerca del Museo Guggenheim de Bilbao, en la Plaza de Euskadi, en el distrito de Abando.

torre iberdrola bilbao artxanda
Torre Iberdrola desde el mirador de Artxanda


             


El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

jueves, 30 de enero de 2014

Atardecer en el Port Vell de Barcelona

Y una vez más, fue el regalo de Reyes que Barcelona me tenía reservado este año.

Atardecer en Barcelona

Como ya viene siendo un clásico desde que vivo en Barcelona, la tarde de Reyes intenté escaparme del gentío que se congrega en el centro de la ciudad con motivo de la llegada de los Reyes Magos. Esa tarde no me gusta quedarme en casa, pero salir a ver la cabalgata no me llama tampoco mucho la atención, por lo que desde hace ya unos años me gusta alejarme del bullicio, yendo a lugares alternativos donde sé que apenas me voy a encontrar a gente.

Atardecer en Barcelona

Este año, decidí ir a pasear a la playa de la Barceloneta y de Sant Sebastià, una vez Sus Majestades se hubieran ido ya. Y así fue como, de camino allí, me encontré con otro de esos atardeceres que han conseguido dejarme con la boca abierta

Atardecer en Barcelona

Fue en las inmediaciones de los muelles de la Barceloneta, junto al Passeig de Joan de Borbó. El cielo empezó a teñirse de un intenso color anaranjado que conforme pasaban los segundos iba adquiriendo otras tonalidades: azules, violetas, rosáceas... No duró mucho tiempo, pero la imagen quedó grabada en la retina. 

Atardecer en Barcelona

Haciendo las fotos que comparto aquí, caí en la cuenta de que el año anterior había presenciado otra puesta de sol en el Tibidabo. Fue también una noche de Reyes. Pero, además, fue también un 5 de enero cuando dos años atrás vi otro atardecer impresionante en las Ramblas, junto al monumento de Colón.

Hotel W Barcelona

Tras hacer estas fotos, continué mi camino hacia la playa de la Barceloneta. Paseando por allí, con una brisa fresca, pero lo justo como para no disuadirme de seguir caminando, podía oír los ecos de la ilusión de la gente que presenciaba la cabalgata de Reyes en las calles más céntricas de la ciudad condal. En mi caso, también estaba emocionado e ilusionado, ya que tenía en mi cámara y en mi recuerdo mi regalo: otro de los mejores atardeceres de Barcelona.


                     
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El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

martes, 21 de enero de 2014

El alma de Atitlán, el lago más bonito del mundo

Muchos son los que dicen que el lago Atitlán es uno de los lagos más bonitos del mundo,  y razón no les falta.

Lago Atitlán Guatemala
Lago Atitlán, Guatemala

Antes de mi viaje a Guatemala y México ya había oído hablar de la belleza de este lugar. Me había hartado de ver fotos y por esa razón tenía un poco de miedo de que no me impresionara tanto como debiera. Pero no fue así. El lago en sí es como sacado de otro mundo. Sentarme a sus orillas y mirar el horizonte fue ya una experiencia que sobrepasó todas mis expectativas. Da igual que lo viera calmado o embravecido por las tormentas que lo azotaban. Siempre, y digo siempre, me sentía como hipnotizado por él.

Lago Atitlán, Guatemala
Aguas tranquilas del lago Atitlán al amanecer

volcan de san pedro Lago Atitlan, Guatemala
Volcán de San Pedro reflejado en las aguas del lago Atitlán

Lago Atitlan, Guatemala
Tormenta sobre el lago Atitlán

Lago Atitlan, Guatemala
Nubes de tormenta sobre el lago Atitlán

Una de las primeras impresiones que tuve fue la de incredulidad. ¿Cómo podía existir semejante escenario? Parecía los decorados de alguna película, tipo Jurassic Park: un gran lago rodeado de verde vegetación y altos volcanes.

Lago Atitlán, Guatemala

Lago Atitlan, Guatemala
Lago Atitlán, Guatemala

Mi estancia en San Marcos de la Laguna, un pequeño pueblo ubicado a orillas del lago, fue uno de los grandes momentos de mi aventura por Guatemala. Mis días en el lago Atitlán fueron unos momentos de descanso, de no pensar en nada, de pausa, de reflexión. Me encantaba irme al minúsculo embarcadero y contemplar lo que pasaba a mi alrededor, en silencio, a veces con mi cuaderno de viajes, para escribir y plasmar mis sensaciones.

amanecer en Lago Atitlan, Guatemala
Luz del amanecer en el lago Atitlán

Y fue sentado en ese muelle cuando empecé a conocer el alma del lago Atitlán. Dicen que el lago está ubicado en una "zona de energías" un tanto especial, lo que le da cierto carácter místico, pero, tranquilo, el alma que yo descubrí no tiene nada que ver con lo etéreo e inmaterial. Podría ahora ponerme a enumerar datos acerca de su profundidad, de su extensión, de la calidad de sus aguas, de cómo se formó a partir de un gran volcán que estalló hace unos "cuantos añitos"... pero no, no lo haré en este post, porque esos detalles, aunque son interesantes, no me llegaron tanto como lo hicieron sus gentes, las personas que han nacido y se han criado junto a sus aguas, esas personas que tienen dentro de sí una pequeñita porción del alma del lago más bonito del mundo.

Lago Atitlan, Guatemala
"Seño" con el traje tradicional esperando la barca

El alma del lago está en la seño que espera su barca sentada en el muelle, como hace cada mañana desde hace 52 años.

El alma también está en Francisco, un barquero que con 25 años lleva más de media vida transportando a turistas y lugareños desde San Pedro (la ciudad más importante del lago) a Santiago Atitlán. 

Lago Atitlan, Guatemala
Francisco, barquero en el lago Atitlán

Con su gorra puesta hacia atrás me explicó la forma en que los pescadores capturaban los peces con anzuelo para luego venderlos en los mercados. Me lo explicaba de manera entusiasmada y siempre mirando al frente.

 Me enseñó a reconocer el volcán de Santa Clara, también conocido como el "cerro de la nariz del indio", debido a su forma. Al descender, nos cruzamos con una "seño" que hacía su colada en las aguas "crecidas" del lago. 



cerro nariz del indio Lago Atitlan, Guatemala
Cerro Nariz del Indio

La sonrisa del muchacho casi perenne se transformó en un gesto que rozó la tristeza y la resignación tras intercambiar algunas palabras entre risas con la improvisada lavandera. Nos despedimos con un apretón de manos y con un "hasta pronto".

Lago Atitlan, Guatemala
"Seño" lavando en las aguas del lago Atitlán

El alma del lago Atitlán también está en Santiago, el policía. Fue una de las personas de las que más aprendí. Trabajaba para la municipalidad y pasaba horas y horas de pie en el muelle, tranquilo, dando pequeños pasos de un lado a otro, vislumbrando el horizonte y afinando el oído para anticiparse a la llegada de las barcas. Lo primero que me enseñó Santiago fue el nombre de casi todos los volcanes que se podían ver desde San Marcos de la Laguna: el volcán de San Pedro, el Atitlán, el Santiago, el Cerro del Oro...
Me gustaba oírle hablar en kaqchikel, una lengua que se remonta a la época maya usada por muchos lugareños de una parte del lago. Gracias a él pude decir mis primeras palabras en este idioma: adíós, buenos días, hasta mañana...

Lago Atitlan, Guatemala
Joven esperando la barca en el lago Atitlán

Me explicó también otra técnica de pesca usada por los pescadores del lago: colocaban redes a la caída de la tarde para luego recogerlas por la mañana.

pescador Lago Atitlan, Guatemala
Pescador en el lago Atitlán

Me gustaba escuchar a Santiago. No pude tomarle ninguna foto, pero la imagen que tengo de él es la de su sonrisa respetuosa y un tanto tímida que esbozaba en todo momento. Sus palabras transmitían tanta serenidad y tranquilidad... Quizá el entorno también ayudaba a eso.

El alma del lago también está en el profesor "pedrano" de mediana edad que daba clases en el pueblo de San Pedro. Me contaba que se llevaba a sus alumnos a limpiar el lago, para así hacerles conscientes de la joya que veían cada día. También supe por él que las aguas del Atitlán suben de nivel cada 52 años y descienden a su nivel normal al cabo de otros 52 años, según el calendario de algunos ancianos. Esto explicaría la crecida de las aguas en la zona en la que la "seño" estaba lavando.

Lago Atitlan, Guatemala
Crecida de las aguas del lago Atitlán

También me contó que bajo el suelo del lago había gas y que en un corto periodo de tiempo podrían venir grandes empresas internacionales a investigarlo, lo que supondría el deterioro del entorno. Sus palabras denotaban cierta tristeza al contarme que el Gobierno de Guatemala parecía dejarse llevar por los gobiernos de países importantes y por las grandes empresas multinacionales, dejando en cambio de lado los verdaderos problemas de su pueblo.

Y, por supuesto, el alma del lago Atitlán está en los más pequeños, en 2 niños de unos 10-11 años que, sin duda, fueron los que más huella dejaron no sólo en mí, sino también en mi compañera de viaje, Andrea.
Realmente fueron las 2 primeras personas con las que hablamos a nuestra llegada a San Marcos. En cuanto desembarcamos, allí estaban, llamando nuestra atención para que fuésemos con ellos a un hostel muy bueno que ellos conocían. Y finalmente así lo hicimos.

Desde ese primer momento, entablé una relación un tanto especial con los niños. Al principio nos perseguían a todos sitios. Cualquier excusa era buena para sacarnos alguna monedita. Además, el hecho de hablar español (y no inglés como la mayoría de turistas de ese pueblo) hacía que nos persiguiesen como si fueran nuestra sombra.

No obstante, poco a poco, las ganas de dinero fueron despareciendo y empezaron a interesarse por nosotros: de dónde éramos, qué equipo de fútbol nos gustaba, de dónde era mi gomina del pelo (ellos también llevaban)... Paulatinamente les fui cogiendo cariño. Yo me sentaba al borde del embarcadero mientras ellos jugueteaban, se peleaban, se reconciliaban y esperaban nuevas barcas.

Lago Atitlan, Guatemala
Esperando alguna barca en el lago Atitlán

La última noche fue la más especial. Estábamos sentados a la mesa del hostel. Ellos pululaban por allí y se sentaron con nosotros. En aquellos momentos pude ver a la parte más infantil que llevaban dentro, muy alejada de los alardes de picaresca con que nos sorprendían en el día a día. "Jose, Andrea, en Puerto Rico hay mucha gente rica, ¿verdad? Es que una vez vino un señor grande, muy grande, con dos señoras y me dio 100 quetzales (unos 10 euros) por enseñarles el pueblo. Andrea, Jose, ¿dónde está Puerto Rico? ?¿Y vuestro pueblo? ¿En vuestra ciudad es donde juega Messi? ¿Lo has visto? ¿Cuesta mucho dinero entrar a un partido? ¿Lo puedes ver por la televisión? ¿Dónde está Barcelona? Lejos, sí, debe de estar lejos".

Parecía que les habían dado cuerda. Así que empezamos nuestra clase de geografía, dibujando mapas, el de España, Guatemala, América en general. A cambio, ellos nos enseñaron a contar del uno al cinco en lengua kaqchikel, cuyos sonidos son casi impronunciables para mí. Andrea también les enseñó a contar en catalán.
La mirada de estos niños mientras les explicábamos dónde estaba Madrid, dónde estaba su lago, dónde jugaba Messi... es algo que no olvidaré.

Sus nombres eran Bartolo y Edgar. Aún hoy dudo de que fueran sus nombres reales pues a pesar de todo tenían cierto reparo en hablar sobre ellos. Sé que es muy probable que no los vuelva a ver más.

Ellos, como el resto de personas que he mencionado, no se imaginan que en estos momentos estoy hablando de ellos. Supongo que esto pasa mucho en la vida. A veces uno deja huella en las personas sin saberlo, sin ser consciente de hasta qué punto hemos llegado a ellos.

Con mi visita al lago Atitlán tuve la certeza de que un lugar es lo que es no sólo por su belleza, sino también por las personas que contribuyen a ella, compartiendo sus historias, sus miradas y sus sonrisas con aquellos que vienen de fuera. Y estas personas da igual que tengan 70, 30 o 10 años, porque cada una a su manera te dejará entrever esa pequeña parte del alma de la tierra que les ha ido moldeando.

Lago Atitlan, Guatemala
Preparado para surcar las aguas de Atitlán, el lago más bonito del mundo



El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.