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jueves, 10 de marzo de 2016

Viajando a La Palma con el paladar

Quizá leas el título del post y pienses que, como soy andaluz, soy un exagerado, pero no es así... La gente que me conoce sabe que desde siempre he tenido una especial atracción por el mundo sensorial, por ese universo de sensaciones que nos transportan a lejanos lugares sin movernos de donde estamos. Y también desde siempre he mantenido una teoría: para inventar la tan ansiada máquina de la teletransportación, que en tantas ocasiones hemos querido usar, van a tener que utilizar un estímulo muy concreto, un sabor o un olor, por ejemplo. Ahí está el secreto, señores inventores. Ahí está la clave para poder teletransportarse de un sitio a otro. ¿No me creéis? Cuántas veces habéis viajado atrás en el tiempo al oler algo de vuestra infancia? ¿Cuántas veces os habéis quedado paralizados al saborear ese guiso que tanto se parece al que hacía vuestra abuela? ¿Verdad que se puede viajar con las sensaciones?

Showcooking La Palma con sabor
Showcooking #LaPalmaconSabor
A mí me llevaron el otro día de viaje a La Palma, ¡pero estaba en Barcelona! ¿Cómo lo hicieron? Estimulando mis papilas gustativas, las que yo os voy a intentar estimular a través de mis palabras y de las imágenes.
Bien, hace un par de semanas asistí al showcooking #LaPalmaConSabor en la Cookiteca del Poble Espanyol de Barcelona y fue allí donde pude conectar con La Palma o la Isla Bonita, como se la conoce. Ahora seguramente algunos se estarán preguntando qué es eso de un showcooking. Pues, resumido con pocas palabras, es una especie de Masterchef, pero con profesionales, donde preparan los platos delante de ti e incluso te animan a colaborar.

Nosotros tuvimos la suerte de contar con unos increíbles maestros de ceremonias: Mónica y Juan Carlos, que se convirtieron en la base, en la esencia de la experiencia, en definitiva, fueron como la levadura madre que se usa para hacer el pan, el ingrediente principal, pues sin ellos probablemente todo hubiera quedado muy insípido. Estos chefs palmeros no solo cocinaban, sino que también cantaban, brindadan, reían, se emocionaban, nos transmitían lo que hacían, la pasión que sentían.

la palma con sabor
Chefs de #LaPalmaconSabor
Después del recibimiento, regado con una cerveza de La Palma, la cerveza Gara, nos remangamos y nos pusimos manos a la obra, en este caso, manos al mortero, porque de entrada teníamos: milhojas de ñame y queso de cabra, con miel, mojo verde de cilantro y sal de Fuencaliente (ya veréis que los nombres de los platos son bastante largos (longitud directamente proporcional a su sabor).

milhojas showcooking la palma
El famoso milhojas
El ñame es una especie de tubérculo de color amarronado, con toques ligeramente ahumados que contrastan con el sabor típico del queso de cabra. Pero si a esto le ponemos el dulzor de la miel y el frescor del cilantro, la sensación en el paladar es bastante intensa. Intensidad que se amplifica por los toques de sal que lleva. Menuda fiesta para el paladar.

Algunos de mis compañeros salieron con agujetas de tanto darle a la maza del mortero para preparar el mojo de cilantro, tal es el caso de Virginia, de 365 sábados viajando, y de Xipo, de En el mundo perdido.
Una vez preparado el mojo, cada uno se emplató su plato (qué expresión más sonora). He de decir que mi milhojas causó sensación, ya que quedó muy fotogénico por la onda que formaba la ultima rodaja de queso que le pusimos. Tengo que confesar que esta onda creativa fue fruto de la casualidad, ni Marga (de L'Hora del Tàper), que me ayudó a emplatar, ni yo pensamos que quedaría así de bien.
Después de este aperitivo, vino uno de los platos principales. Para mí el mejor de todos. Coged aire porque aquí viene el nombre: Patudo (atún) en salmuera a la plancha con puré de boniato con mojo de tomate, romesco y sal de Fuencaliente.
En mi opinión, el plato estrella, no solo por su sabor, también por su textura.

Atún de La Palma


El atún, bien sellado, parece deshacerse en la boca, a la vez que sientes el gusto salado atenuado por el "dulzor"del puré de boniato, regado por el mojo rojo. En realidad, fue una delicia para los sentidos...

Tras el momento "patudo", se acercaba el segundo plato: cabrito hervido con mojo rojo, papa negra y gofio. Aquí me lucí. Por dos motivos.

El primero porque me puse a amasar gofio. No se me dio nada mal, de hecho creo que por mis venas, aparte de sangre andaluza, debe haber algún hematíe canario de alguno de mis antepasados.
Por cierto, el gofio es una mezcla de harina de cereales tostados mezclada con miel, agua y una pizca de sal. Se amasa hasta que tome consistencia y pueda cortarse y moldearse. La verdad es que me gustó mucho amasarlo. En aquel momento, al hacer la mezcla y tocarla, viaje por unos instantes a mi infancia, cuando con mi abuela amasaba una pasta de harina y agua para hacer "calandrajos", una comida típica de mi tierra, Jaén. No sólo el gusto y el olfato te hacen teletransportarte, también el tacto.
Amasando gofio
Concentrado mientras amaso el gofio
Mi momento estelar llegó, no obstante, con un error épico, y es que llamé "patata" a las "papas". Menudas ojeadas-láser me echaron, (en plan broma). Así que, ya sabéis, en Canarias la palabra "patata" está vetada, jeje.
Una vez preparado y emplatado todo, era la hora de degustarlo. De este plato destacaría la suavidad del cordero en contraste con la textura del gofio, un poco más rugoso al paladar. El sabor de este, algo plano, contrasta también con la chispa que le da el mojo rojo y la patata.
Llegados a este punto, tenía un problema de sobreexcitación de las papilas gustativas.
Y tras esto, llegó la hora del postre. Para mí fue una pasada por el proceso de elaboración, realmente difícil y costoso, desde mi punto de vista. Bien podría ser un postre de autor, una delicatessen que mezcla modernas técnicas con los ingredientes y sabores tradicionales de La Palma. 

Postre del Showcooking La Palma Barcelona
Preparando el postre 
Atención, respirad bien, no os vayáis a quedar sin aire. El postre en cuestión, preparado y pensado en exclusiva para el Showcooking #LaPalmaConSabor en Barcelona fue: Canelón de Albillo Criollo relleno de crema de almendra y sopa hortelana.
¿En qué consiste este plato? En un canelón hecho a base de una gelatina de Albillo Criollo, una variedad de uva blanca del norte de la isla de La Palma, relleno de una crema de almendras y regado por una sopa hortelana, que recuerda al sabor del mojito. El sabor en cojunto era extraño para mí, una mezcla peculiar de dulce y salado, con unas texturas increíbles, donde destacaba la "gelatinosidad" del canelón con la rugosidad crujiente de la cookie y la suavidad de la sopa hortelana y la crema.

Canelón de Albillo Criollo relleno de crema de almendra y sopa hortelana
Canelón de Albillo Criollo relleno de almendra y sopa hortelana
En cuanto a sabor, me gustó más el atún, como ya he dicho, pero en cuanto a originalidad y laboriosidad, a este plato no le gane ninguno. Creo que todos nos quedamos muy impresionados.

El punto final a este destello de sabores de La Palma la puso un chupitito de ron y unas buenas fotos de todos los que allí estuvimos: chefs, blogueros de viajes y gastronómicos y la organización.
Con esta experiencia gastronómica se me ha abierto aún más un apetito que ya tenía desde hacía tiempo, el apetito de visitar La Palma personalmente. Conocerla bien, no solo por sus sabores sino también por su luz, sus gentes, sus playas, sus bosques, sus estrellas, su todo. La Palma está para comérsela y espero hacerlo pronto.

Por cierto, la culpa de todo esto, de este apetito voraz, la tiene el Patronato de Turismo de La Palma que, en colaboración con Blog On Brands, y con ayuda de Iberia Express, Vueling y Canary Fly, fueron los que organizaron este showcooking en Barcelona, además de en otras dos ciudades españolas: Bilbao y Madrid.

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.


lunes, 15 de febrero de 2016

Trekking por el Cañón del Colca, Perú

Hacer un trekking por el Colca, el segundo cañón más profundo del mundo, es una de las experiencias más gratificantes y agotadoras que he hecho en mis viajes. 

Trekking por el Cañón del Colca, Perú
Trekking por el Cañón del Colca, Perú
Desde siempre me ha gustado hacer senderismo, por lo que caminar entre altas montañas andinas de más de 3000 metros de altura era toda una aventura que me llamaba mucho la atención. 

Cañón del Colca, Perú
Cañón del Colca, Perú
Estaba seguro de que me iba a quedar maravillado andando por estos parajes montañosos de Perú, y sabía el precio que tenía que pagar: los soles que costara la excursión que contratamos en Arequipa. y el esfuerzo de la caminata, aunque, sinceramente, en aquellos momentos no era consciente de lo que me costaría, de todo lo que "sufriría" hasta conseguir descender el cañón y volverlo a subir.

La excursión al cañón del Colca la contratamos en Arequipa. En esta ciudad hay numerosas agencias que la ofrecen a precios muy similares. Estas excursiones tienen distinta duración, pero  nosotros elegimos la de 2 días y 1 noche. 

El primer día nos recogieron de madrugada en el hostel donde nos estábamos alojando y nos llevaron en una minivan por una carretera de curvas y a toda velocidad hasta Chivay, cruzando paisajes lunares y agrestes a más de 4000 metros de altitud. Una vez en Chivay, desayunamos y aproveché para tomar mate de coca, la infusión que se utiliza para evitar el tan temido soroche o mal de altura

Mirador de la Cruz del Cóndor, Perú
Mirador de la Cruz del Cóndor, Perú
Después, fuimos al mirador de la Cruz del Cóndor, desde donde se puede ver volar a estas aves, consideradas como símbolo nacional de Perú

Mirador de la Cruz del Cóndor, Perú
Mirador de la Cruz del Cóndor, Perú
La verdad es que sorprende ver el vuelo de este animal, una de las aves más grandes del mundo.

Vuelo del cóndor en la Cruz del Cóndor
Vuelo del cóndor en la Cruz del Cóndor
Después de una hora por allí, volvimos a la minivan, que nos trasladó a una gran explanada donde iba a comenzar lo bueno: el trekking por el Cañón del Colca.

Trekking por el Cañón del Colca, Perú
Trekking por el Cañón del Colca, Perú
Teníamos por delante dos días de caminata. Durante el primer día bajaríamos hasta el río Colca. Unas 8 horas de descenso, con una parada para comer, y cuya meta era llegar al "Oasis", el lugar donde pernoctaríamos. El segundo día, que era aparentemente más fácil puesto que no había que caminar tanto tiempo, lo dedicaríamos a ascender el cañón.

Trekking por el Cañón del Colca, Perú
Trekking por el Cañón del Colca, Perú
El descenso fue bastante costoso. Un sol de justicia nos calentaba y nos hacía sudar hasta por las pestañas. Caminábamos por senderitos en pendiente, en ocasiones bastantes estrechos, por la ladera de las montañas. El objetivo era descender por una ladera del cañón hasta llegar al nivel del río, cruzarlo y continuar por la otra ladera.

Trekking por el Cañón del Colca, Perú
Descendiendo por el Cañón del Colca
Con el paso de las horas, el cansancio iba haciendo mella y las rodillas empezaban a cargarse. Había que hacer bastante fuerza con ellas al bajar por el camino, a la vez que sorteabas baches, piedras, pedruscos, zonas de gravilla que te hacían resbalar... Y todo esto con el gran problema de la falta de oxígeno que hay por esas alturas. Este fue mi verdadero caballo de batallas. Pero en aquellos momentos, mientras descendía, no era consciente de que lo verdaderamente difícil en cuanto a la escasez de oxígeno llegaría al día siguiente, durante el ascenso. 

Río Colca, Perú
Río Colca, Perú
Durante la caminata del primer día pasamos por pueblecitos andinos, como el de Cosñirhua.

Iglesia de Cosñirhua, Cañón del Colca
Iglesia de Cosñirhua, Cañón del Colca
Allí, parecía que el ritmo de vida funcionaba de distinta manera. La sensación de aislamiento era tan grande que a veces me asaltaba la especie de pánico que a veces siento cuando pienso en el lugar tan inaccesible en el que me encuentro y que está tan alejado de algún núcleo urbano importante.

Vida rural en el Cañón del Colca
Vida rural en el Cañón del Colca, Perú
Un poco antes de la caída de la noche, por fin llegamos al "Oasis", donde nos alojamos en una especie de cabaña, cenamos y descansamos. Fue uno de los momentos más especiales del viaje, sobre todo, ver el cielo estrellado en ese lugar tan alejado de cualquier foco de iluminación (no había corriente eléctrica ni siquiera en las cabañas). En mi vida he visto un cielo igual. 

Tras unas horas de descanso, tocaba ponerse de nuevo en marcha. Empezamos de madrugada, de noche. Con nuestros frontales comenzamos a ascender. No llevábamos ni 5 minutos caminando cuando ya supe que aquello no iba a ser fácil. También se produjeron las primeras bajas. Hubo gente que decidió regresar al Oasis y subir en mula. Salvaríamos una diferencia de altura de unos 1000 metros en unos 8-10 km, es decir, pasaríamos de los 2600 metros a los 3600 metros sobre el nivel del mar. 

Trekking en el Cañón del Colca
Trekking en el Cañón del Colca
Pensé que no sería capaz. La sensación de ahogo era bestial. Me faltaba el oxígeno. Por más que respiraba, tenía la impresión de que el aire que entraba a mis pulmones no servía de nada. Necesitaba parar para que el oxígeno surtiera su efecto. Tenía la sensación de haber estado corriendo durante 10 minutos a máxima velocidad, aunque en realidad solo había caminado 2 minutos y a paso de tortuga por una cuesta. 

Ascenso del Cañón del Colca en mula
Ascenso del Cañón del Colca en mula
Se hizo de día. El oxígeno seguía sin aparecer y mi cansancio rozaba el extremo. Mi compañera se sentía igual que yo y otros chicos de la excursión también, por lo que descarté la idea de que fuera un problema mío de falta de resistencia.  

Cada 5 minutos tenía la necesidad de parar, de aspirar el aire, de bajar mis pulsaciones. Durante esos 5 minutos en los que llenaba de oxígeno mis pulmones era cuando me deleitaba con el paisaje, cuando sentía lo extremadamente pequeño que era, arropado por esas gigantescas montañas, cuando era consciente del silencio, roto por los jadeos de mi respiración. Sólo durante esos 5 minutos era consciente de dónde estaba. Es triste, pero mientras subía por esas cuestas, no podía mirar hacia arriba. Solo me centraba en respirar, en mantener un ritmo de respiración constante, en que no se dispararan los latidos de mi corazón.

Al cabo de poco más de tres horas llegamos a la cima. Exhaustos. Pálidos. Pero contentos.

Trekking por el Cañón del Colca completado
Felices por haber completado el trekking por el Cañón del Colca 
Tenía la sensación de haber puesto al límite mi cuerpo. Eso me satisfacía pero me daba cierto temor a la vez. Estaba emocionado. Ahora solo nos faltaba caminar un poquito más, pero era en llano, por lo que eso ya era "pan comido".

Llamas por el Cañón del Colca
Llamas por el Cañón del Colca
Ganado en el Cañón del Colca
Ganado en el Cañón del Colca
Y esta fue mi experiencia de trekking por el Cañón del Colca, en Perú. Si tú estás pensando hacerlo, te animo, los paisajes son increíbles, pero sé consciente de que no es fácil, sobre todo a nivel respiratorio, y que habrá momentos en que vas a sufrir un poquito. Quizá esté exagerando, ya sabéis que soy de Andalucía, pero sé de gente que lo ha hecho, como mis compañeros Lowcosteros, y que opina lo mismo que yo.

Terrazas de cultivo
Terrazas de cultivo cerca del Cañón del Colca
¿Alguien más ha hecho el trekking por el Cañón del Colca? ¿Qué tal fue la experiencia? Ayudadme a saber si soy un "debilucho" o  si realmente es algo costoso a nivel físico.

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

martes, 2 de febrero de 2016

Mi casa rural en Camprodón: la Casa Etxalde

No, no es que ahora regente una casa rural en Girona. La idea de dedicarme al turismo rural me seduce, pero por el momento prefiero seguir viajando y conociendo lugares por el mundo. A lo que me refiero con mi casa rural en Camprodón es al hecho de que estos días he estado en el Pirineo de Girona y me he alojado en una masía donde me he sentido como en mi casa por varias razones: he estado rodeado de montañas, me he despertado con la sinfonía de los pajaritos de fondo, he desayunando a lo grande junto a la chimenea y cenado algunos platos que bien podría preparar mi madre (¡esa comida casera que me vuelve loco!). La masía de la que hablo es la Casa Etxalde, ubicada en la vall de Camprodón, a las afueras del pueblecito de Rocabruna, a unos 7 km de Camprodón, entre la Alta Garrotxa y el Ripollès.

Casa Etxalde - Casa Rural en Camprodón
Casa Etxalde - Casa Rural en Camprodón
Lo que más me llamó la atención es su ubicación, entre montañas y con unas vistas espectaculares.

Entrada a la Casa Rural Etxalde, Camprodón
Entrada a la Casa Rural Etxalde, Camprodón
La masía se remonta al siglo pasado, concretamente a 1920, cuando un francés decidió construirse este caserón cerquita de Camprodón, tal y como estaba haciendo la burguesía de Barcelona de la época. Si lo que este señor buscaba era relajarse y estar en contacto con la naturaleza, lo consiguió. Y eso mismo es lo que ahora podemos disfrutar alojándonos en ella. Desconexión total, tan total como que no hay cobertura móvil (aunque sí wifi en las zonas comunes).

Jardín de entrada de la Casa Etxalde, Camprodón
Jardín de entrada de la Casa Etxalde, Camprodón
La casa, que consta de 5 habitaciones y un apartamento, está en una finca de 45 hectáreas, donde hay caballos, conejitos, un pequeño lago con patos y ocas y zonas de prado, castaños, hayas, robles y fresnos. En el jardín de la entrada hay un espacio con mesas y sillas y, un poquito más abajo, una piscina donde será una gozada poder bañarse si hace buen tiempo. En mi caso, no la pude disfrutar... Soy muy friolero y no me atraía darme un chapuzón en pleno enero.

Sala de estar de la casa etxalde, camprodon
Sala de estar de la Casa Etxalde
La zonas comunes están formadas por dos grandes comedores, una sala de estar con sillones y chimenea y la recepción.

Comedor de la casa etxalde camprodon
Uno de los comedores de la Casa Etxalde
Yo me alojé en la habitación "El Cirerer" (el cerezo), ubicada en la primera planta de la torre.

Habitación el cirerer Casa Etxalde
Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
A ella se accede por unas escaleras exteriores. La habitación tenía unas vistas a las montañas impresionantes. ¡Qué gozada despertarse y mirar por la ventana!

Vistas desde la Habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Vistas desde la habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
El baño, impecable, estaba dentro de la habitación y tenía ducha con agua caliente, toallas y artículos de aseo, como champú y gel.

Baño de la habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Baño de la habitación El Cirerer de la Casa Etxalde
Una de las cosas que también me sorprendió es que la Casa Etxalde está muy enfocada a viajeros con niños y perros. Es una casa rural ideal para familias y mascotas. Tienen grandes espacios en el exterior para que los perros puedan correr. La única restricción es no dejarlos solos en la habitación. En cuanto a los niños, tienen una zona de columpios y juegos infantiles. 

Jardín de entrada de la Casa Etxalde
Jardín de entrada de la Casa Etxalde
Y a todo esto, hay que sumarle las conversaciones y momentos compartidos con las personas que hacen que esta experiencia rural sea posible: sus propietarios, que son los que realmente dan personalidad a la casa rural. Al frente de ella están Anna y Albert (un matrimonio) y María Teresa, la madre de Anna, que en el año 2004 dejaron el Maresme para embarcarse en esta aventura. Anna y Albert querían establecerse por la zona y cuando vieron esta masía sintieron una especie de flechazo. Decidieron apostar por ella y probar suerte con el turismo rural. Los comienzos no fueron nada fáciles, pues tuvieron que reformarla y rehabilitarla casi por completo, tareas que han ido realizando poco a poco cada año (y que aún continúan haciendo). Posteriormente, María Teresa, por los avatares de la vida, también decidió dejar su casa y su profesión de esteticista e ir a vivir con ellos. No sé cómo sería María Teresa cuidando el cutis de sus clientes en Mataró, pero de lo que sí puedo opinar es de lo mucho que cuida el paladar y el estómago de sus huéspedes. Tuve la suerte de poder probar sus patatas de Olot y su pato confitado. Estaba rico, rico...
Cena en Casa Etxalde
Cena en Casa Etxalde
Además de buena cocinera, es una mujer con mucha chispa, con mucha conversación y desparpajo. Como no le gusta salir en las fotos, la única forma de conocerla es ir la Casa Etxalde y comprobarlo en primera persona. Por su parte, Anna, es una chica eficiente, tranquila, siempre dispuesta a ayudarte en lo que necesitas y aconsejarte sobre los lugares de interés que puedes visitar en la zona, que no son pocos y de los que hablaré en próximos posts: Camprodón, Beget (para mí uno de los pueblos con más encanto de Cataluña), La Roca, Llanars, Ripoll, la estación de esquí de Vallter 2000, el Coll d'Ares, en la frontera con Francia...

Han sido tres días de turismo rural intensivo, como a mí me gusta, y que espero poder repetir en breve.

Puntos fuertes de la Casa Etxalde

- La ubicación espectacular entre montañas
- Adaptada para viajar con niños y mascotas
- Productos de cosecha propia para la elaboración de desayunos y cenas: mermeladas, tomates, membrillo...
- Ideal para hacer senderismo o visitar las zonas naturales de la Alta Garrotxa, Ripollès o Francia


Puntos débiles de la Casa Etxalde

- Entrada a algunas habitaciones por una escalera exterior (comprensible por la estructura arquitectónica de la masía)
- Falta de red móvil (aunque para mí personalmente no es algo negativo, pues si elijo ir a un sitio así es para desconectar de todo)

Ubicación de la Casa Etxalde

Can Pujol de Rocabruna s/n
17867 Camprodón (Girona)




El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

viernes, 15 de enero de 2016

Ver auroras boreales en Islandia, un sueño hecho realidad

Desde pequeño siempre me ha llamado la atención todo lo que tiene que ver con el cielo: lluvias de estrellas, constelaciones, eclipses de sol o de luna, cometas, y, como no, la tan enigmática aurora boreal, que sencillamente me fascinaba. Y desde que era un pequeñajo siempre decía que algún día tenía que ver auroras boreales, tal y como decía con visitar la Muralla China.

Pues bien, ese día llegó durante mi viaje a Islandia. Tenía 9 oportunidades para intentar contemplarlas, 9 noches durmiendo en el coche o en tienda de campaña y la web de la Oficina Meteorológica de Islandia para conocer la predicción de auroras boreales en Islandia. Aparentemente, 9 noches parecen suficientes para intentar verlas, pero... en mi caso no fue así.

Para que se produzca el fenómeno de las auroras boreales se debe dar una serie de circunstancias. La primera es encontrarse en alguna zona cerca de los polos magnéticos, como es Islandia, que haya actividad solar, que los cielos estén oscuros y despejados y que la temperatura sea baja. En Islandia la mejor época para ver auroras boreales es de octubre a marzo. Yo viajé a finales de septiembre y principios de octubre, por lo que tenía posibilidades de ver auroras boreales.

Ver auroras boreales en Islandia

Pero la aurora se resistió... Como sabéis, di la vuelta a la isla, por lo que cada noche iba durmiendo en sitios distintos. Y, caprichos del destino, siempre dormía en zonas donde los cielos estaban encapotados o llovía... Pasaban las noches y mis esperanzas se iban desvaneciendo... Mi compañero de viaje (iluminado a saber por quién) me decía con una seguridad aplastante que no me preocupara, que las veríamos al final de la ruta, en Reykjavik. Yo, sinceramente, lo dudaba bastante porque, si en plena naturaleza no las habíamos visto, sería mucho más complicado contemplarlas en la ciudad...

Ver auroras boreales en Islandia

Pues él tenía razón. Fue la última noche. Nos encontrábamos en la capital de Islandia y la previsión era bastante buena: un nivel 5 (elevado) de actividad solar, temperaturas frías y cielos despejados. El único "detalle" era que esta previsión correspondía a una zona ubicada a unos 50 km de Reykjavik y a las 5 de la madrugada. Pero era nuestra última oportunidad, la última noche. Apostar a todo o nada. Y, evidentemente, apostamos. Así que estuvimos de fiesta hasta las 3 en un garito de Reykjavik (inciso sobre la fiesta islandesa: es un desmadre total) y después nos fuimos a la caza de la aurora boreal.

auroras boreales en Islandia

Tomamos el coche con una mezcla de emoción y cansancio. ¿Llegaría por fin el día en que contemplaría una aurora boreal? ¿Cómo sería? ¿Qué se vería? ¿Cuánto duraría?

auroras boreales en Islandia

Salimos de la ciudad, y empezamos a encontrar carreteras nevadas, heladas (cosa que en ningún momento del viaje nos habíamos encontrado). Mientras mi compañero conducía con extrema precaución, yo no quitaba el ojo del cielo. Cualquier cosa que parecía extraña, una nube, un reflejo, hacía que se me acelerara el corazón. Ya veía auroras boreales donde solo había nubecillas...

auroras boreales en Islandia

Una vez pasado el puente de la ciudad de Selfoss, a unos 50 km de la ciudad de Reykjavik, decidimos que era el momento de encontrar un desvío y esperar rodeados de oscuridad, mirando al cielo desde el coche. Encontramos un caminito y, de repente, antes de que el coche se hubiera parado, la vi. Sabía que era ella. Empecé a distinguir algo así como polvo en el cielo, pequeñas partículas brillantes salidas de la nada que destacaban en la oscuridad del cielo y que parecían que iban a caer a la tierra lentamente. Mi reacción, ya imagináis cómo pudo ser... Empecé a decir que parara el coche, casi gritando. Salimos fuera, el suelo estaba resbaladizo a causa del hielo que había, hacía frío, el termómetro marcaba los cuatro grados negativos pero, como corría algo de viento, la sensación de frío era mayor. Pero no pasaba nada, porque la emoción de ver lo que sobre mí se estaba formando hacía que olvidara si estábamos a menos 10 o a menos 50 grados centígrados. Daba igual, porque encima de mí ese polvo empezó a tomar forma, parecía que la tierra lo atraía hacia sí, componiendo unas especies de cortinas de un color verde azuláceo brillante. Era algo hipnótico ver cómo se formaban y admirar cómo al final de esas cortinitas las partículas parecían titilar, como si bailaran... Una visión enigmática y bella a la vez. Me sentía como un niño pequeño en el día de Reyes, recibiendo los regalos, con lágrimas en los ojos de la alegría. No quería que aquello desapareciera, quería alargar ese momento, ver esas luces danzar mucho más tiempo, pero al igual que aparecieron de la nada y sin avisar, a los pocos instantes, comenzaban a desaparecer, diluyéndose en el oscuro cielo, a la vez que en otras zonas volvían a formarse otras y desvanecerse paulatinamente. Eso fue lo que pasó durante unos 10 minutos. Fue algo realmente efímero, pero infinitamente bonito. En ese silencio sepulcral, viendo esos bailes de luces, alejado de mi tierra, de mi gente, con un sentimiento de nostalgia de no tenerlos a todos en ese momento, supe que había cumplido un sueño, el de conocer a esa tal Aurora, de apellido Boreal.

auroras boreales en Islandia

auroras boreales en Islandia

auroras boreales en Islandia

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

viernes, 8 de enero de 2016

Ciudades de videoclip: Tokyo

No sólo los blogs de viajes y las fotografías de Instagram incitan a viajar, ¿no crees? En mi caso, los videos musicales me despiertan unas ganas locas de tomar un avión y ¡salir volando! Me encantan aquellos videoclips que tienen como telón de fondo ciudades o monumentos del mundo.

Hoy voy a estrenar una nueva sección en el blog que se llamará: "Ciudades de videoclip", y que tratará, como el nombre indica, de lugares del mundo que han elegido los cantantes para rodar sus vídeos.

Como hoy es viernes y se acerca el fin de semana, vamos a ver dónde se grabaron dos canciones moviditas de dos grupos muy famosos del panorama musical internacional: The Killers y Muse. Estas dos bandas eligieron la ciudad de Tokio, en Japón, para grabar sus canciones.


Así, la banda de rock estadounidense The Killers rodó su canción Read my mind en Tokyo. En el videoclip podemos ver vistas panorámicas de la ciudad, el monte Fuji y algunas de las calles de la capital de Japón, recorridas por los miembros de la banda en bicicleta. También aparecen jugando con niños en un parque y en una sala recreativa de la ciudad. Y para terminar el vídeo musical... ¡un hotel cápsula!

                  

Por su parte, Muse rodó el videoclip de Panic Station en Tokyo también. En este vídeo musical se puede ver el famoso cruce de Shibuya. Hay que decir que fue un videoclip polémico en su estreno, pues al comienzo aparecía la Bandera del Sol Naciente, la bandera de guerra del Ejército Imperial Japonés usada hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Este hecho provocó numerosas críticas, lo que llevó a la banda a cambiarla por la bandera de Japón al día siguiente.

                 

Y tú, ¿conoces otros videoclips grabados en Tokio?

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.