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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tongli, un pueblo de agua en China (y mi anécdota del autobús)

Tongli es un pueblo del agua de China ubicado a 18 km de la ciudad de Suzhou, al oeste de Shanghái


Este pueblo, que cuenta con más de 1000 años de historia, se levantó en medio de cinco lagos y sus casas fueron construidas a orillas de pequeños ríos y canales, dándole al lugar cierto "aire veneciano", si bien no existe ningún palacio, como es el caso de Venecia. 


Si en esta ciudad italiana encontramos edificios opulentos junto a los canales, en Tongli las casas son más modestas, bajitas y pintadas con cal, por lo que en alguna ocasión hasta llegué a pensar que tenían cierta similitud con las casitas blancas encaladas de los pueblos de Andalucía (salvando las distancias, el típico tejado chino y los farolillos rojos).



Llegué a Tongli en autobús desde Suzhou. Tras la aventura de comprar el billete de bus, me quedaba buscar el autobús correcto en medio de unos cuantos en cuyos carteles sólo aparecían mis tan preciados e ininteligibles caracteres chinos. El tiempo apremiaba y ya me veía perdiendo el autocar. Así que, empecé a enseñar el billete a algunas personas, que muy amablemente me señalaron una zona en la que había un par de buses parados. Me subí en uno de ellos, el conductor apenas miró el billete y empezó a decirme algo que no entendía mientras lo sujetaba en sus manos, pero de repente... arrancó sin que aún me hubiese sentado. ¿Estaba en el bus correcto? No quería aparecer en ningún pueblo perdido del interior de China, así que sin pensármelo dos veces pregunté en voz bastante alta si el autobús iba a Tongli (en inglés, claro). Todas las miradas se dirigieron a mí. Nadie contestó. Esta vez, dije, en voz más bajita "¿alguien habla inglés?". Silencio, aunque seguía siendo el centro de atención de todo el autobús. Empecé a notar cómo mis mejillas iban calentándose de la vergüenza. "¿Alguien habla francés?", susurré. Las gotitas de sudor aparecieron en mi frente. "¿Y español?", el hilillo de voz se perdió entre las risillas de los viajeros chinos. Empecé a caminar por el pasillo del autobús con el rubor de una Miss que se acaba de caer en una pasarela y nota las miradas de las personas que la están viendo. Me senté en cuanto pude, agaché la cabeza y comencé a reír. En aquel momento sabía que esta sería una de las anécdotas de mi viaje a China, como la de las fotografías o la de las peripecias para ir de Pingyao a Xian. Al final, opté por preguntar a un chico joven quien me dio a entender que ese bus pararía en Tongli.


A pesar de estar muy cerca de Suzhou (18 km) y de que el autobús había veces que parecía que iba a despegar, llegué a Tongli transcurridos unos 40 minutos. Supe que había llegado gracias al chico joven y a los carteles a los que no quitaba ojo.

De la estación de autobuses de Tongli, tomé una especie de minibus eléctrico que me llevó al centro de visitantes del pueblo. Allí, te venden una entrada única (80 yuanes) con la que puedes visitar los lugares de interés de Tongli. 


El pueblo en sí es ya una atracción turística que congrega a mucha gente, aunque tuve la suerte de visitarlo en temporada baja y en un día gris que amenazaba lluvia, por lo que no encontré a demasiados turistas. 


Lo bonito de Tongli es pasear por sus callejuelas junto a los canales, cruzar sus puentes, escuchar el sonido del agua, observar a la población local. 


Además, cuenta con templos, mansiones, jardines, casas señoriales que pertenecieron en su época a políticos y comerciantes de la zona. 


Y un museo bastante peculiar: el Museo del Sexo de China, que fue trasladado en 2004 desde Shanghái a Tongli.

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

4 comentarios:

Me acabo de enamorar de este pueblecito... ya tengo una razon de mas para ir a la China! Precioso!

Me ha encantado tu anécdota del autobús, me ha recordado el pánico que tenia yo también en alguna furgoneta en Tailandia. Estaré en la correcta, me bajare en el lugar que toca o acabare perdida en medio del campo? jajaja. Pero sin duda, son estas anécdotas las que se convierten en lo mejor de los viajes.

Un saludo,
Sonia.

Hola Sonia!
Jeje, sin lugar a dudas, este tipo de anécdotas es lo mejor de los viajes. De hecho, es lo que acabas recordando con más cariño.
Un saludo

Vaya sitio para perderse... Precioso!!

Xipo, es un lugar muy especial, sobre todo si no hay demasiados turistas, como cuando yo fui.
Gracias por el comentario!
Un saludo y nos leemos!

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