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miércoles, 5 de diciembre de 2012

El cruce de Shibuya de Tokyo: cuando ruge la marabunta

El cruce de Shibuya de Tokyo es posiblemente uno de los lugares más conocidos y fotografiados de la capital de Japón.

cruce-shibuya-tokyo

Recuerdo a la perfección el sentimiento de escepticismo que me invadía cuando iba subiendo las escaleras de la estación de Shibuya. Había visto el cruce muchísimas veces en televisión y en algunas guías y blogs de viajes y en el fondo de mí sentía que este lugar no me iba a impresionar tanto como la gente decía. Pero estas sensaciones se esfumaron en cuanto salí a la superficie. Dejar atrás la "oscuridad" del tren suburbano y encontrarme con el despliegue de neones, rascacielos futuristas, luces, pantallas gigantes y sonidos en ese cruce fue una experiencia brutal y a la vez desconcertante. Me sentía como una pequeña hormiguita mientras empezaba a rugir la marabunta. El Tokyo más vibrante y moderno estaba ante mí, por lo que me permití el lujo de tomarme unos minutos para empaparme de todo lo que ocurría a mi alrededor. En esos momentos tuve conciencia de que estaba en Tokyo, en el mismo cruce que aparecía en la película de Sofia Coppola, Lost in Translation, a punto de cruzarlo.


Atravesar el cruce de Shibuya es toda una aventura. La sensación es como la de sentirte en los prolegómenos de un maratón. El cruce dispone de varios pasos de peatones en cuyas aceras se amontonan los participantes de la carrera. El semáforo está en rojo. Las personas siguen congregándose delante del cruce. Las hay de todos los tamaños y colores: ejecutivos inexpresivos que hablan por teléfono, almas solitarias ajenas al bullicio que allí se respira, grupos de estudiantes que no paran de reír, parejas cogidas de la mano... En breve, el semáforo cambiará a verde y toda aquella gente empezará a moverse originando una marea de personas que van de una acera a otra. 


Una rápida sinfonía de movimientos acompasados, de apariencia caótica pero organizados al mismo tiempo (como casi todo en Tokyo), que da lugar a uno de los cuadros impresionistas más bellos de nuestra época.



Y, de repente, llega de nuevo la calma cuando el semáforo cambia a rojo.


Uno de los mejores lugares para ver este espectáculo es el Starbucks Coffee que hay enfrente de la salida de la estación de tren de Shibuya. Sé que a algunos viajeros les han puesto problemas para subir a la planta de arriba y hacer fotos, pero, en mi caso, no hubo nadie que me lo impidiera.

Cómo llegar al cruce de Shibuya

La línea JR Yamanote (incluida en el Japan Rail Pass) para en Shibuya Station. También se puede llegar con los trenes suburbanos privados operados por las líneas Tokyu y Keio Inokashira.

En metro, se puede llegar a través de las líneas de Ginza, Hanzomon y Fukutoshin, que tienen parada en Shibuya.


El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

5 comentarios:

Nos han encantado las fotos!!
Nosotros estamos deseando cruzarlo!! :) Ya tenemos los billetes, así que en diciembre, allí estaremos!!

Qué bien! Me alegro de que vayáis! Este cruce es especial. Paraos y disfrutad de las sensaciones, de lo contrario puede ser que os decepcione algo... Por cierto, Japón os encantará! Ya nos contaréis a la vuelta, vale?
Un saludo!

Estupendo post! Las fotos describen a la perfección lo que se vive cuando lo cruzas. Desde luego tiene que ser un espectaculo tomarse un cafe en ese Sturbucks! ;-)

Amigo José Luis, cuentas las cosas de tal manera que parece que, quienes las leemos, estemos viviéndolas en ese preciso momento.
Felicidades por este post.
Saludos.

Eva, gracias! La verdad es que cruzarlo es una atracción turística en sí misma!

Luis, muchas gracias a ti también! En realidad, esa es una de las razones por la que escribo: para hacer llegar al lector las sensaciones que experimento, para que, en cierta manera, también pueda "viajar" mientras esté leyendo.

Saludos!

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