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lunes, 4 de marzo de 2013

Arbroath, la ciudad de piedra roja

Hoy tenemos un post invitado de Marta Moreno en el que nos contará su experiencia por Arbroath, una pequeña ciudad de Escocia. Gracias, Marta, por llevar a Adictos a los viajes a estas tierras.

Viajar a Reino Unido siempre ha sido un placer; el idioma es conocido, los transportes funcionan muy bien y es ideal tanto para una escapada corta como para recrearse en un viaje un poco más largo. Yo tuve la suerte de vivir en Escocia durante un corto periodo de tiempo, suficiente para conocer los rincones más famosos del país, así como para perderme entre aquellos que son menos conocidos, aquellos en que la auténtica Escocia se presenta en cada imagen, cada sonido, cada aroma. Un sábado de finales de verano tomé un tren en Glasgow y me dispuse a viajar dos horas hacia el norte para descubrir una pequeña ciudad junto al mar llamada Arbroath.


Desde la estación de Glasgow Queen Street, situada en N Hanover Street, se pueden tomar trenes con destino a casi cualquier ciudad escocesa. En este caso hay que viajar en la línea Glasgow – Aberdeen, la que, tras aproximadamente dos horas de viaje, te deja en Arbroath. En el trayecto el tren realiza diversas paradas en ciudades como Stirling, Perth, famosa por ser la ciudad natal de Ewan McGregor, o Dundee.

Una vez en el destino lo primero que llama la atención del visitante es una imponente construcción de ladrillo rojo en el horizonte: Arbroath Abbey.


La abadía de Arbroath fue fundada en 1178 por el rey William I y estuvo en funcionamiento hasta el siglo XVI. A partir de 1560 la abadía cayó en desgracia tras la “Reformation”, es decir, la ruptura de la iglesia escocesa con el Papa, a fin de instaurar una iglesia propia. A partir de 1590 las piedras de los edificios de la abadía empezaron a ser sustraídos y empleados en la construcción de distintos edificios de Arbroath

Actualmente Abroath Abbey es un museo cuya visita está más que recomendada. Aquí se puede descubrir, mediante plafones instalados en todo el recinto, la historia de la abadía, los personajes más ilustres que en ella vivieron y hacerse una idea de su antiguo esplendor.


Tras la visita a la abadía viene el momento de perderse entre las animadas calles de la ciudad. Se puede tomar High Street, la calle comercial de Arbroath, y bajar hasta la orilla del mar, una vista que sin duda, no dejará a nadie indiferente.


El clima en Escocia no suele ser siempre lo que se recuerda con más cariño del país, sin embargo, si se tiene la suerte de poder disfrutar de un día soleado, el paseo por el pequeño puerto de Arbroath y sus alrededores puede resultar de lo más relajante e inspirador.


Una vez concluida la jornada en Arbroath es muy sencillo encontrar el camino de vuelta a la estación, ya que al ser una ciudad no demasiado grande no resulta difícil orientarse. Y si aun así alguien termina por perderse, ningún problema, existen numerosas indicaciones en las calles que os ayudarán a guiaros.


Arbroath es uno de esos lugares auténticos que marcan al visitante para siempre y le dejan con ganas de volver.

El autor

Apasionada de viajar sin mapa, aventurera y curiosa por naturaleza, Marta no pierde oportunidad de conocer nuevos lugares siempre que se presenta la ocasión. Tras un corto periodo en Escocia, en diciembre se estableció en el norte de Holanda, donde vive actualmente. Le pierde la tele británica, la cual disfruta en sus ratos libres.

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