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jueves, 24 de mayo de 2012

Viajeros del metro de Barcelona - Una mirada diferente


Viajar en metro es algo que suelo hacer en mis viajes a otras ciudades. Creo que es una forma más de acercarte a la gente del lugar, al día a día de la ciudad que estoy visitando, además de ser una buena manera de ahorrarse unos euros.

Estando en Japón y ver todo lo que me sorprendía cuando viajaba en el metro de Tokyo, me pregunté cómo verían los turistas a la gente que viaja en el metro de Barcelona, entre ellos yo. Así que, estos días, me he puesto a observar a la gente que me rodeaba en el metro al ir a trabajar, como si yo mismo fuera un visitante más que acaba de llegar a la ciudad.

Resumiendo un poco, un turista vería:

- Turistas. Si bien no hay demasiados a primera hora de la mañana, se puede ver a algunos entre la multitud que atesta el metro. Destacan por su indumentaria (algo más veraniega de lo normal), la cámara de fotos y la cara de alegría y felicidad supremas, que contrasta con la mayoría de rostros que tienen a su alrededor.

- Lectores. Los hay de todas las edades. En el metro, la gente lee, ya sea un libro de bolsillo, un ebook o el periódico gratuito que reparten por la calle. Están absortos en la lectura, ya puede estar el metro repleto de gente que ellos se las arreglan de cualquier forma para conseguir continuar leyendo. Están tan metidos en el libro que muchas veces se pasan de parada o, en el mejor de los casos, se dan cuenta de que han llegado a su destino segundos antes de que el metro cierre las puertas para volver a arrancar, provocando un ligero caos al abrirse paso entre la gente.

- Dormilones. Madrugar no es bueno para la salud, pero ¡dormir en el metro tampoco! A veces me dan ganas de despertar a algunos por el bien de su cuello. De tan solo recordar ciertos contorsionismos que he visto me da tortícolis.

- Enganchados al móvil. Son muy numerosos. Móvil en mano, ven el Facebook, juegan, mandan mensajes, envían WhatsApps o los reciben. Muchos de ellos no tienen silenciado el artilugio, por lo que los sonidos provenientes de estos aparatos generan miradas (algunas de pocos amigos) entre ciertas personas. Si el sonido se repite con demasiada frecuencia, las miradas aumentan y se crea una especie de unión entre los afectados, que se intercambian miradas cómplices (a veces acompañadas de suspiros u otros señales) más descaradamente para intentar que la persona en cuestión silencie el teléfono. Normalmente, los ruiditos cesan cuando la persona se baja del vagón.

- Mirones. Se puede decir que son los que se dedican a leer el periódico del de al lado, el libro del que tienen el frente o los mensajes de Facebook de la de delante. La curiosidad y el hambre de información no tienen límites.

- El que habla tan fuerte por teléfono que es capaz de despertar a los dormilones, de sacar del mundo de fantasía a los lectores, de horrorizar a los turistas y de distraer a los mirones. Todo un clásico que se repite en casi cualquier franja horaria en la que tomemos el metro. Hay personas que al hablar por el móvil no hablan, sino que gritan. Evidentemente, todas las personas ubicadas alrededor de estas cajas de resonancia empiezan a poner en marcha el lenguaje corporal para comunicarle al de las buenas cuerdas vocales que baje la voz. Rara vez lo consiguen.

- Niños acompañados de algún adulto que los lleva al colegio. Toda una aventura para los pasajeros del vagón. Pueden ser niños adorables, caprichosos con voz estridente, estudiosos que le dan el último repaso a la lección del día, curiosos que preguntan por qué esa señora lleva ese sombrero tan raro en la cabeza (menos mal que no entiende lo que dice porque es extranjera)...

- Solitarios con la "mente en blanco". Son muchos. Parecen estar absortos en sus pensamientos, apoyados sobre las paredes del vagón, con la cabeza pegada al cristal... La mirada perdida, nada de emociones... caras planas, silenciosos...

Si nos ponemos a observar con atención, seguro que vemos más personajes de metro. Y, atención, porque quizás mañana te reconozcas en uno de estos viajeros, leyendo el periódico del que tienes al lado o dejando volar tu imaginación al pensar en tu próximo viaje apoyado en el cristal del vagón, aparentando tener la mirada perdida y la mente en blanco.

¿Qué otros personajes dignos de destacar has visto en el metro?

El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

6 comentarios:

Yo soy de las que escuchan música, moviendo la pierna al compás. En ocasiones, me entran ganas de bailar(cosa que tengo terminantemente prohibida no vaya a ser que me tomen por loca)Pero, ¿no os pasa que os apetece bailar en medio del andén o del vagón? Claro que, visto desde fuera, debe de parecer absurdo moverse al ritmo de una música inexistente para el resto del mortales.
Tramonto

Tramonto, muchas gracias por el comentario! La verdad es que nunca se me ha pasado por la cabeza ponerme a bailar en el vagón, jejeje, pero lo de mover la pierna al compás también me pasa, ya sea en el metro, en el trabajo, en casa...

Si nunca te han entrado ganas de bailar en el metro oyendo música con los cascos... es que no llevas la música adecuada! jajaja
Me extrañaba que no incluyeras la categoría de los "aislados". Los que llevan (llevamos) los cascos puestos y dejan de oír a los demás. Una versión extendida de los "mente en blanco", normalmente completada con lectores o enganchados al móvil. Ya que llevas música el pack completo :-)
En el metro de Madrid son (somos) mayoría.

Por las mañanas no estoy para mucha marcha, jeje! La lista de los "tipos" de viajeros está abierta a conciencia, no los he puesto todos. La idea es ir ampliándola con vuestros comentarios.
Gracias por tu aportación!

....y yo añadiría borrachos, mujeres de vida descuidada, manguis....es lo que se ve los fines de semana a primera hora de la mañana. Cuando trabajaba en un hotel del Paralelo, tenía que coger el metro a las 5,00 de la mañana, desde casa.......miedo me daba.
Buen post
Saludos

Uyyy!! El perfil de los viajeros de metro los fines de semana varía considerablemente con lo que se ve a las 8 de la mañana de un día laborable, jeje...
Gracias por el comentario, Gildo!

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