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martes, 21 de enero de 2014

El alma de Atitlán, el lago más bonito del mundo

Muchos son los que dicen que el lago Atitlán es uno de los lagos más bonitos del mundo,  y razón no les falta.

Lago Atitlán Guatemala
Lago Atitlán, Guatemala

Antes de mi viaje a Guatemala y México ya había oído hablar de la belleza de este lugar. Me había hartado de ver fotos y por esa razón tenía un poco de miedo de que no me impresionara tanto como debiera. Pero no fue así. El lago en sí es como sacado de otro mundo. Sentarme a sus orillas y mirar el horizonte fue ya una experiencia que sobrepasó todas mis expectativas. Da igual que lo viera calmado o embravecido por las tormentas que lo azotaban. Siempre, y digo siempre, me sentía como hipnotizado por él.

Lago Atitlán, Guatemala
Aguas tranquilas del lago Atitlán al amanecer

volcan de san pedro Lago Atitlan, Guatemala
Volcán de San Pedro reflejado en las aguas del lago Atitlán

Lago Atitlan, Guatemala
Tormenta sobre el lago Atitlán

Lago Atitlan, Guatemala
Nubes de tormenta sobre el lago Atitlán

Una de las primeras impresiones que tuve fue la de incredulidad. ¿Cómo podía existir semejante escenario? Parecía los decorados de alguna película, tipo Jurassic Park: un gran lago rodeado de verde vegetación y altos volcanes.

Lago Atitlán, Guatemala

Lago Atitlan, Guatemala
Lago Atitlán, Guatemala

Mi estancia en San Marcos de la Laguna, un pequeño pueblo ubicado a orillas del lago, fue uno de los grandes momentos de mi aventura por Guatemala. Mis días en el lago Atitlán fueron unos momentos de descanso, de no pensar en nada, de pausa, de reflexión. Me encantaba irme al minúsculo embarcadero y contemplar lo que pasaba a mi alrededor, en silencio, a veces con mi cuaderno de viajes, para escribir y plasmar mis sensaciones.

amanecer en Lago Atitlan, Guatemala
Luz del amanecer en el lago Atitlán

Y fue sentado en ese muelle cuando empecé a conocer el alma del lago Atitlán. Dicen que el lago está ubicado en una "zona de energías" un tanto especial, lo que le da cierto carácter místico, pero, tranquilo, el alma que yo descubrí no tiene nada que ver con lo etéreo e inmaterial. Podría ahora ponerme a enumerar datos acerca de su profundidad, de su extensión, de la calidad de sus aguas, de cómo se formó a partir de un gran volcán que estalló hace unos "cuantos añitos"... pero no, no lo haré en este post, porque esos detalles, aunque son interesantes, no me llegaron tanto como lo hicieron sus gentes, las personas que han nacido y se han criado junto a sus aguas, esas personas que tienen dentro de sí una pequeñita porción del alma del lago más bonito del mundo.

Lago Atitlan, Guatemala
"Seño" con el traje tradicional esperando la barca

El alma del lago está en la seño que espera su barca sentada en el muelle, como hace cada mañana desde hace 52 años.

El alma también está en Francisco, un barquero que con 25 años lleva más de media vida transportando a turistas y lugareños desde San Pedro (la ciudad más importante del lago) a Santiago Atitlán. 

Lago Atitlan, Guatemala
Francisco, barquero en el lago Atitlán

Con su gorra puesta hacia atrás me explicó la forma en que los pescadores capturaban los peces con anzuelo para luego venderlos en los mercados. Me lo explicaba de manera entusiasmada y siempre mirando al frente.

 Me enseñó a reconocer el volcán de Santa Clara, también conocido como el "cerro de la nariz del indio", debido a su forma. Al descender, nos cruzamos con una "seño" que hacía su colada en las aguas "crecidas" del lago. 



cerro nariz del indio Lago Atitlan, Guatemala
Cerro Nariz del Indio

La sonrisa del muchacho casi perenne se transformó en un gesto que rozó la tristeza y la resignación tras intercambiar algunas palabras entre risas con la improvisada lavandera. Nos despedimos con un apretón de manos y con un "hasta pronto".

Lago Atitlan, Guatemala
"Seño" lavando en las aguas del lago Atitlán

El alma del lago Atitlán también está en Santiago, el policía. Fue una de las personas de las que más aprendí. Trabajaba para la municipalidad y pasaba horas y horas de pie en el muelle, tranquilo, dando pequeños pasos de un lado a otro, vislumbrando el horizonte y afinando el oído para anticiparse a la llegada de las barcas. Lo primero que me enseñó Santiago fue el nombre de casi todos los volcanes que se podían ver desde San Marcos de la Laguna: el volcán de San Pedro, el Atitlán, el Santiago, el Cerro del Oro...
Me gustaba oírle hablar en kaqchikel, una lengua que se remonta a la época maya usada por muchos lugareños de una parte del lago. Gracias a él pude decir mis primeras palabras en este idioma: adíós, buenos días, hasta mañana...

Lago Atitlan, Guatemala
Joven esperando la barca en el lago Atitlán

Me explicó también otra técnica de pesca usada por los pescadores del lago: colocaban redes a la caída de la tarde para luego recogerlas por la mañana.

pescador Lago Atitlan, Guatemala
Pescador en el lago Atitlán

Me gustaba escuchar a Santiago. No pude tomarle ninguna foto, pero la imagen que tengo de él es la de su sonrisa respetuosa y un tanto tímida que esbozaba en todo momento. Sus palabras transmitían tanta serenidad y tranquilidad... Quizá el entorno también ayudaba a eso.

El alma del lago también está en el profesor "pedrano" de mediana edad que daba clases en el pueblo de San Pedro. Me contaba que se llevaba a sus alumnos a limpiar el lago, para así hacerles conscientes de la joya que veían cada día. También supe por él que las aguas del Atitlán suben de nivel cada 52 años y descienden a su nivel normal al cabo de otros 52 años, según el calendario de algunos ancianos. Esto explicaría la crecida de las aguas en la zona en la que la "seño" estaba lavando.

Lago Atitlan, Guatemala
Crecida de las aguas del lago Atitlán

También me contó que bajo el suelo del lago había gas y que en un corto periodo de tiempo podrían venir grandes empresas internacionales a investigarlo, lo que supondría el deterioro del entorno. Sus palabras denotaban cierta tristeza al contarme que el Gobierno de Guatemala parecía dejarse llevar por los gobiernos de países importantes y por las grandes empresas multinacionales, dejando en cambio de lado los verdaderos problemas de su pueblo.

Y, por supuesto, el alma del lago Atitlán está en los más pequeños, en 2 niños de unos 10-11 años que, sin duda, fueron los que más huella dejaron no sólo en mí, sino también en mi compañera de viaje, Andrea.
Realmente fueron las 2 primeras personas con las que hablamos a nuestra llegada a San Marcos. En cuanto desembarcamos, allí estaban, llamando nuestra atención para que fuésemos con ellos a un hostel muy bueno que ellos conocían. Y finalmente así lo hicimos.

Desde ese primer momento, entablé una relación un tanto especial con los niños. Al principio nos perseguían a todos sitios. Cualquier excusa era buena para sacarnos alguna monedita. Además, el hecho de hablar español (y no inglés como la mayoría de turistas de ese pueblo) hacía que nos persiguiesen como si fueran nuestra sombra.

No obstante, poco a poco, las ganas de dinero fueron despareciendo y empezaron a interesarse por nosotros: de dónde éramos, qué equipo de fútbol nos gustaba, de dónde era mi gomina del pelo (ellos también llevaban)... Paulatinamente les fui cogiendo cariño. Yo me sentaba al borde del embarcadero mientras ellos jugueteaban, se peleaban, se reconciliaban y esperaban nuevas barcas.

Lago Atitlan, Guatemala
Esperando alguna barca en el lago Atitlán

La última noche fue la más especial. Estábamos sentados a la mesa del hostel. Ellos pululaban por allí y se sentaron con nosotros. En aquellos momentos pude ver a la parte más infantil que llevaban dentro, muy alejada de los alardes de picaresca con que nos sorprendían en el día a día. "Jose, Andrea, en Puerto Rico hay mucha gente rica, ¿verdad? Es que una vez vino un señor grande, muy grande, con dos señoras y me dio 100 quetzales (unos 10 euros) por enseñarles el pueblo. Andrea, Jose, ¿dónde está Puerto Rico? ?¿Y vuestro pueblo? ¿En vuestra ciudad es donde juega Messi? ¿Lo has visto? ¿Cuesta mucho dinero entrar a un partido? ¿Lo puedes ver por la televisión? ¿Dónde está Barcelona? Lejos, sí, debe de estar lejos".

Parecía que les habían dado cuerda. Así que empezamos nuestra clase de geografía, dibujando mapas, el de España, Guatemala, América en general. A cambio, ellos nos enseñaron a contar del uno al cinco en lengua kaqchikel, cuyos sonidos son casi impronunciables para mí. Andrea también les enseñó a contar en catalán.
La mirada de estos niños mientras les explicábamos dónde estaba Madrid, dónde estaba su lago, dónde jugaba Messi... es algo que no olvidaré.

Sus nombres eran Bartolo y Edgar. Aún hoy dudo de que fueran sus nombres reales pues a pesar de todo tenían cierto reparo en hablar sobre ellos. Sé que es muy probable que no los vuelva a ver más.

Ellos, como el resto de personas que he mencionado, no se imaginan que en estos momentos estoy hablando de ellos. Supongo que esto pasa mucho en la vida. A veces uno deja huella en las personas sin saberlo, sin ser consciente de hasta qué punto hemos llegado a ellos.

Con mi visita al lago Atitlán tuve la certeza de que un lugar es lo que es no sólo por su belleza, sino también por las personas que contribuyen a ella, compartiendo sus historias, sus miradas y sus sonrisas con aquellos que vienen de fuera. Y estas personas da igual que tengan 70, 30 o 10 años, porque cada una a su manera te dejará entrever esa pequeña parte del alma de la tierra que les ha ido moldeando.

Lago Atitlan, Guatemala
Preparado para surcar las aguas de Atitlán, el lago más bonito del mundo



El autor

José Luis es un andaluz afincado en Barcelona desde hace ya un tiempo. Su pasión es descubrir nuevas culturas, viajar y escribir. Por ello realizó estudios de traducción e interpretación, una forma bastante acertada de aunar estas tres aficiones. Se define como una persona inquieta y curiosa, adicto a los viajes y al chocolate y amante del deporte, sobre todo el tenis. Prefiere los lugares tranquilos y solitarios y los rincones por descubrir.

9 comentarios:

Es un lugar maravilloso!!! que bueno que lo tengas en cuenta en tu Blog.!!
Lugar mágico!!!
Guate es imperdible y sorprendente!!!
Gracias por poner en imagen este que es uno de mis lugares preferidos en el Mundo!!!
Saludos,
Lilián (desde Buenos Aires - Argentina)

Hola Lilián!

Está en el blog porque, como tú dices, es un lugar mágico y maravilloso, al igual que el país de Guatemala, que dejó una huella imborrable en mí.

Un saludo desde España y gracias por tu comentario!

Es un lugar maravilloso!!! que bueno que lo tengas en cuenta en tu Blog.!!
Lugar mágico!!!
Guate es imperdible y sorprendente!!!
Gracias por poner en imagen este que es uno de mis lugares preferidos en el Mundo!!!
Saludos,
Lilián (desde Buenos Aires - Argentina)

Hola Jose Luis,

Muchísimas gracias por enseñarnos este magnífico lugar y por mostrarnos su verdadera alma, un post magnífico y muy emotivo :-)

Un saludo. Luis.

Hola, Luis!

Muchísimas de nadas! Muchas gracias a ti por tu comentario, que me anima a seguir escribiendo y compartiendo mis experiencias.

Un saludo!

Precioso lugar y preciosas fotos! Sabes que nos suena mucho Edgar, el niño del que hablas?, creo que lo conocimos también. Por cierto, no sabíamos eso de que cada 50 años sube el agua y baja al cabo de otros 50, que curioso! Un abrazo!

Chicos de Quaderns, seguro que lo conocéis, pues hablaba con todo aquel que pisaba el pueblo, jeje.
Sí, no sé yo el grado de veracidad de lo de los 50 años, pero si lo dicen los ancianos, seguro que no van muy mal encaminados. Ellos son sabiduría en estado puro.
Muchas gracias por el comentario!
Un abrazo!
;)

Aunque crecí al otro lado, en San Lucas Tolimán, leer tus pensamientos me llenaron de nostalgia. Hoy resido en la capital, pero cada vez que puedo voy al Lago de Atitlán, a cualquiera de sus puntos y me enamora como si fuese la primera vez que lo veo... Gracias por considerarlo en tu memoria...

Hola Julio!
Me alegra saber que mi post te ha hecho transportarte a ese lugar que para ti es tan especial, para eso es en parte por lo que escribo, para que la gente pueda "viajar" con solo leer y evocar momentos ya vividos.
Para mí, el lago de Atitlán fue uno de los grandes momentos de mi viaje a Guatemala y lo guardaré siempre en mi memoria.
Muchas gracias por tu comentario!
Saludos!

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